5 Febrero 2010 at 12:02 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Víctor Acuña Alonzo

En su conferencia The Development of Food Processing Techniques: Implications for Hominin Chewing Performance[1] Katherine Duncan-Zink del Departamento de Biología Humana Evolutiva de la Universidad de Harvard (quien realiza una estancia de investigación en nuestra escuela), expuso avances de su investigación acerca de la importancia del desarrollo de las primeras técnicas de procesamiento de alimentos para la evolución hominina, específicamente de los efectos de cocinar sobre la morfología craneal y dental.

Khaterine Duncan-Zin. Fotografía: Mirsha Quinto.

La dieta humana es evidentemente una de las principales características que nos distingue de otros primates. Las técnicas de procesamiento de los alimentos deben haber sido de un fuerte valor adaptativo en la historia de nuestros ancestros.

Los primeros métodos de “cocina” fueron relativamente rudimentarios pero debieron alterar significativamente algunas propiedades de los alimentos. Con ello se iniciaría un proceso de coadaptación a la disponibilidad de recursos alimentarios de cada ecosistema, mediado por las prácticas culturales de modificación de los alimentos y la variación biológica humana, explica la conferencista.

Los primeros experimentos han sido realizados usando como materiales carne fresca y tubérculos y muestran que asar o cocer los alimentos y suavizar la carne con instrumentos de piedra tiene diferentes efectos en las propiedades de los mismos.

Khaterine durante la conferencia. Fotografía: Mirsha Quinto.

A su vez, el estudio de la fuerza masticatoria ha mostrado que existe una variación extrema a nivel individual en la fuerza total empleada en la masticación y, que especialmente, en el caso de los tubérculos estos primeros procedimientos culinarios reducen de manera significativa la fuerza total requerida en la masticación.

Aún cuando estos son resultados preliminares, menciona Duncan-Zink, se encaminan a demostrar en que medida estas técnicas hicieron posible reducir los costos digestivos en términos energéticos, lo que habría facilitado la reducción de los músculos y las estructuras anatómicas relacionadas con la masticación.

En la segunda parte de su conferencia, la investigadora presentó una síntesis de la más reciente publicación de su tutor, el Dr. Daniel Lieberman, Foot strike patterns and collision forces in habitually barefoot versus shod runners. En este artículo (que mereció la portada actual de la revista Nature) se realiza un análisis biomecánico comparativo entre personas acostumbradas a correr descalzas (adolescentes de Kenya) y personas acostumbradas a correr con calzado deportivo. Los resultados muestran que los corredores descalzos amortiguan de mejor manera la fuerza de los impactos con el suelo y se hacen algunas deducciones y especulaciones de la importancia evolutiva de esta adaptación biomecánica.

Artículos recomendados

The influence of masticatory loading on craniofacial morphology: A test case across technological transitions in the Ohio valley.
C Paschetta, S de Azevedo, L Castillo, N Martinez-Abadias, M Hernandez, DE Lieberman, y R Gonzalez-Jose
Am J Phys Anthropol, Feb 2010; 141(2): 297-314.

Foot strike patterns and collision forces in habitually barefoot versus shod runners
Daniel E. Lieberman, Madhusudhan Venkadesan, William A. Werbel, Adam I. Daoud, Susan D’Andrea, Irene S. Davis, Robert Ojiambo Mang’Eni y Yannis Pitsiladis
Nature 463, 531 (2010). doi:10.1038/nature08723

Links de interés

Video “The barefoot professor”
http://www.youtube.com/watch?v=7jrnj-7YKZE

Revista Nature
http://www.nature.com/nature/index.html


[1] La conferencia tuvo lugar el 28 de febrero de 2010 en la Sala de Usos Múltiples de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

29 Enero 2010 at 12:05 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por: Gabriela Espinosa Verde

En su artículo Importancia de la interpretación de las alteraciones tafonómicas la Dra. Carmen Pijoan, expone qué es la tafonomía, cómo se dividen los procesos tafonómicos, la importancia de estos conocimientos para la antropología física y hace algunas sugerencias para mejorar la interpretación de alteraciones tafonómicas en restos humanos.

Tafonomía y procesos tafonómicos

El paleontólogo  ruso I. A. Efremov propuso en 1940 el término tafonomía, a partir de las palabras griegas taphos (tumba o entierro) y nomos (leyes o sistema de leyes), explica la Dra. Pijoan, quien además apunta que esta disciplina:

“estudia los procesos que operan sobre los restos orgánicos, tanto animales como humanos, desde el momento de la muerte hasta la generación de depósitos esqueléticos arqueológicos.”

Posteriormente, dice,  los procesos tafonómicos fueron divididos por Müller  en:

a)      bioestratinómicos, aquellas transformaciones que sufren los restos orgánicos desde la muerte de un organismo hasta su entierro. Estos pueden ser de tipo natural (desecación, etc.) o cultural (momificación, desmembramiento, etc.), y

b)      diagenéticos, los cuales ocurren entre el enterramiento final y su recuperación, fosilización o destrucción total.

De acuerdo con la autora, son de especial interés para el antropólogo los procesos bioestratinómicos culturales, es decir, aquellas modificaciones ocasionadas por el comportamiento humano, ya que:

“A partir del patrón de presencia, ubicación y concentración de ellas en una muestra de restos óseos humanos, y su correspondencia anatómica, podremos reconstruir los procesos de la actividad humana y el conjunto de instrumentos que los ocasionaron.”

La interpretación de alteraciones tafonómicas

La presencia de alteraciones tafonómicas ha permitido determinar que durante el periodo preclásico el tratamiento del cuerpo incluye prácticas como el desmembramiento y la decapitación, mientras que en clásico  hay evidencias de sacrificios humanos, decapitación, desmembramiento, y elaboración de instrumentos con huesos humanos; y en el postclásico los recintos sagrados presentan hacinamientos  de huesos como parte de ofrendas, o restos de algún ritual, también aparecen cráneos con modificaciones que indican fueron usados en tzompantlis.

Sin embargo, reconoce la Dra. Pijoan, una de las dificultades a la que se enfrenta el investigador es el determinar  si las alteraciones que observa en el hueso son producto de la actividad humana o de la acción de agentes biológicos y físicos, como marcas de raíces o de abrasión natural. A esto hay que sumar, que pocos trabajos registran y sistematizan las modificaciones culturales presentes en los huesos, lo que de hacerse, permitiría reconocer las actividades que los ocasionaron.

Para solucionar parte de las problemáticas presentes en la interpretación de las alteraciones tafonómicas la autora propone: un trabajo conjunto de arqueólogos y antropólogos físicos para obtener una mayor cantidad de datos durante la exploración;  excavar sitios habitacionales prehispánicos, sobre todo basureros, pues hasta el momento sólo se conocen restos de centros ceremoniales, por lo que habría que buscar si existen diferencias entre el tratamiento dado a un cuerpo en uno u otro contexto; y comparar las alteraciones de restos de otros animales con respecto de los huesos humanos.

Bibliografía

Pijoan Aguadé  Carmen ., Importancia  de la interpretación  de las alteraciones tafonómicas. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 173- 184.

22 Enero 2010 at 12:13 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por: Gabriela Espinosa Verde

En su artículo La antropología física y la identificación personal por rasgos faciales, Maria Villanueva, Carlos Serrano, Jesús Luy y Kart F. Link exponen los antecedentes y el desarrollo del sistema El rostro del mexicano, que es una contribución de la antropología física a las ciencias forenses.

 Un poco de historia

Los  antecedentes más importantes de la identificación por características faciales se encuentran hacia finales del siglo XIX, cuando Alphonse Bertillon, responsable de los servicios de identidad judicial, propone el uso de una ficha personal. Ésta incluía las fotos, de frente y perfil de los sujetos; sus datos básicos como la fecha de nacimiento y la edad; medidas antropométricas y descripciones  de cuello, orejas, ojos, cabello, y particularidades (cicatrices, lunares, manchas, etc.)

A partir del análisis de las fotografías, Bertillon realiza una clasificación de las formas faciales, que con el tiempo permitió a retratistas generar el dibujo a lápiz del rostro de algún delincuente descrito por una víctima o testigo presencial.

De acetatos y computadoras

En la década de los 70, del siglo pasado, los servicios periciales de muchos países contaban con artistas plásticos para realizar retratos hablados. El único problema era que todos los retratos elaborados por un artista seguían un mismo patrón. Como alternativa, en Estados Unidos el FBI (Federal Bureau of Investigation) desarrolló un proyecto para estandarizar la valoración de los rasgos faciales  e incluyó un catalogo de accesorios tales  como lentes, sombreros, gorros, aretes.

A finales de los años 80, se desarrollaron estuches portátiles con impresiones en acetatos, que al sobreponerse generaban el retrato. La década de los 90 y su avance en el campo de la computación, abrió paso a los sistemas asistidos por computadora.

La cara del mexicano

Por un lado, el alto costo y por otro, los problemas de aplicar sistemas con rasgos faciales, predominantemente europeos, al medio latinoamericano, llevó al desarrollo de un sistema de elaboración de retrato hablado, asistido por computadora, basado en las características faciales de la población mexicana.

El proyecto auspiciado por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) y la UNAM,  consideró en el análisis de la variabilidad facial datos de 2890 individuos  (hombres y mujeres) de distintos estados de la República. En cada caso se registró la historia familiar, se tomó una fotografía de frente y otra de perfil izquierdo, y se valoró la forma y color del cabello, el color de los ojos y la piel;  la distribución del vello facial, la forma del dorso de la nariz, así como la distribución facial de pecas, acné, cicatrices, entre otras particularidades.

 Perspectivas

A la publicación del artículo, los autores, veían como fundamentales dos proyectos a desarrollar: 1) profundizar en el cambio de las estructuras faciales y corporales que sufre un sujeto a través de su proceso de crecimiento y desarrollo, que permita predecir como se vería una persona varios años después; y 2) cómo reconstruir  un rostro a partir de un cráneo, considerando que el ambiente, el sexo, la edad, la complexión y la etnia influyen no sólo en el color de la piel, sino también en la distribución del tejido muscular y graso. En ambos casos, la investigación se está generando.

Bibliografía

Villanueva Maria, Carlos Serrano, et. al., La antropología física y la identificación personal por rasgos faciales. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 331-351.

 

15 Enero 2010 at 2:19 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Gabriela Espinosa Verde

Pedro A. Serrano Maass  y Enrique Serrano Carreto en su artículo El estrés producido por el hacinamiento urbano hacen una crítica al proyecto desarrollista, que planteó a la industria urbana como la panacea para el crecimiento económico. Idea que originó una gran migración del campo a la ciudad, lo que ha resultado no sólo en hacinamiento y estrés sino, también, en la marginación social de los migrantes.

La ciudad de México, una ciudad repleta.

El origen del problema puede rastrearse a finales del siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial generó un crecimiento desequilibrado en las ciudades Europeas: que aumentaron aceleradamente su número de habitantes, no así su posibilidad de proveerlos de alimentos, lo que deterioró el nivel de vida.

En el caso de la ciudad de México, la centralización del poder político, económico y cultural en la capital tiene sus raíces antes de la conquista. Sin embargo,  fue hasta finales de los años 50 del siglo  pasado, cuando las villas que abastecían de alimentos y mano de obra a la ciudad, fueron absorbidas por la urbe.

El crecimiento vertiginoso ha resultado en competencia laboral, dificultades de trasporte, problemas de vivienda y afecciones a la salud física y mental de sus habitantes.  Problemas que se agravan entre los grupos marginales, de los cuales los migrantes suelen formar parte.

El hacinamiento animal y el estrés

La sobrepoblación genera hacinamiento y este puede dar lugar a respuestas estresantes, según indican diversos estudios realizados con especies en libertad y en modelos experimentales de laboratorio. Estas respuestas van desde un aumento en la agresividad hasta la autodestrucción. Por ejemplo, existe un tipo de conejo en Noruega, que puede llegar al suicidio colectivo cuando el territorio y los pastos,  son insuficientes y ponen en riesgo la sobrevivencia de la especie.

La disponibilidad de un territorio individual, familiar y social, es de vital importancia y cuando éste es invadido por congéneres puede producir estrés y en casos extremos suicidio masivo.

El animal humano. Hacinamiento, estrés y cultura.

Como el resto de las especies, nuestros ancestros debieron elegir una vía de especialización que asegurará su sobreviviencia en el medio que habitaban. Por ello, dicen los autores:

“En un principio, la especialización se basó, entre otra gran cantidad de elementos, en la conservación de la mano con cinco dedos o el omnivorismo, o bien en la aparición de organizaciones sociales complejas. Más adelante, cuando hubo que elegir un camino alternativo a los póngidos, esta especialización consistió en un sistema social mucho más complejo, sustentado en la cultura, lo cual aseguró la capacidad para poblar prácticamente cualquier tipo de hábitat.”

Claros de que la cultura impone características distintivas en las necesidades territoriales, los autores consideran, que lo primero es demostrar cualitativa y cuantitativamente qué y cómo el hacinamiento produce estrés y después buscar las soluciones para mejorar la calidad de vida de nuestra especie.

En el caso de México, proponen un estudio para comprobar que existe una mejor calidad de  vida en las regiones de baja densidad del país, razón por la cual deberían recibir un apoyo que consideré tres factores: cultura, atención a la salud y desarrollo agropecuario.

Bibliografía

Serrano Masss Pedro A y Enrique Serrano Carreto. El estrés producido por el hacinamiento urbano. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 315-330 pp.

8 Enero 2010 at 1:29 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Gabriela Espinosa Verde

 En su artículo ¿Qué significa ser humano según la antropología física? La ciencia a la búsqueda del centauro ontológico, el Dr. José Luis Vera Cortés  reflexiona sobre la identidad y la alteridad, así como la interacción naturaleza-cultura, para plantearnos al ser humano como un centauro.

 

¿Cómo saber  qué somos?

 

Hombre lobo del hombre, hijo de Dios, bípedo implume, el que mide y por ello la medida de todas las cosas, son algunos de los variados y hasta contradictorios intentos por definirnos. El definir nos permite, por un lado,  establecer las fronteras entre lo que somos y lo que no somos; y por otro, reconocer la unidad de lo diverso y la diversidad de lo unitario, es decir, reconocer que yo soy diferente de todos aquellos que me rodean y a la vez asumir que más allá de las diferencias somos todos seres humanos o miembros de un grupo en particular.

 

Estas fronteras pueden reducirse o ampliarse por los juicios o preconcepciones de los diferentes grupos humanos. Por esta razón, el otro, la alteridad es representada por los grupos que no pertenecen al grupo clasificador, que lo mismo pueden ser otros grupos humanos o de primates y hasta seres imaginarios. Esta movilidad de las fronteras refleja nuestra incertidumbre acerca de lo que somos.

 

La alteridad nos habla en más de un sentido de nosotros mismos; el ‘otro’ no tiene sentido para la antropología sino por mero antagonismo, es decir, en la medida en que nos habla de nosotros mismos. En sentido similar, la ‘mismidad’ es una categoría completamente artificial que no cobra significación sin la existencia de la alteridad”, expresa el Dr. Vera.

 

El ser humano como centauro ontológico

 

En el intento de caracterizar al ser humano, la antropología física estudia la variabilidad corporal y la interpreta como el resultado de la interacción de la biología humana con el entorno. La antropología heredera, junto con otras áreas del conocimiento, de los fundamentos de la historia natural, retoma de la biología humana las formas de cuantificación de la diversidad física de las poblaciones, pero se deslinda de ella al buscar en otro universo de conocimiento las relaciones causales de la variabilidad.

 

La antropología física, influenciada por un doble dualismo (cartesiano u ontológico e hilemórfico o material) reconoce que el fenómeno humano tiene una doble esfera de determinación, que le asigna una doble naturaleza: biología y cultura en constante interacción y a la vez con cierta independencia, es decir, la cultura puede modificar la estructura biológica de las poblaciones humanas y la biología puede modificar las formas de relación social.

 

Bajo esta perspectiva, la biología une al ser humano a la naturaleza, mientras que la cultura lo separa de ella. Así, surge la metáfora del Centauro ontológico, que el Dr. Vera explica de la siguiente manera:

 

La racionalidad simbolizada por el fragmento humano, emerge de la naturaleza, expresada por un brioso cuerpo de caballo. El segmento humano, al ocupar la posición superior, termina por presidir, dominar y personificar al centauro, al fenómeno humano.”

 

La respuesta desde la antropología física a la pregunta sobre la naturaleza y la identidad humana parte de que nuestra identidad es el resultado de la relación e interacción entre naturaleza y cultura, mientras que nuestra metodología, se deriva de una concepción que se aproxima y valora al cuerpo en tanto que material.  Por ello concluye el Dr. José Luis Vera:

 

La posibilidad de plantear nuevos enfoques en la investigación, parte necesariamente de la enunciación de los atributos y cualidades que asignamos al ser que despertó de los sueños de simio para encontrarse convertido en casi hombre.”

 

Bibliografía

 

Vera Cortés José Luis, ¿Qué significa ser humano según la antropología física? La ciencia a la búsqueda del centauro ontológico. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 65-75.

18 Diciembre 2009 at 12:03 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Gabriela Espinosa Verde

En su artículo Los estudios bioculturales y la ínterdisciplina, la Dra. Josefina Mansilla Lory,  hace algunas reflexiones y plantea una perspectiva sobre la formación de las nuevas generaciones de antropólogos físicos. Cabe aclarar que el texto fue publicado en 2003, sin embargo, tanto las reflexiones como las perspectivas siguen siendo vigentes.

Biocultura

El punto de partida, son los estudios bioculturales, que entienden al ser humano como ser biológico, socio-cultural e integrante de un ecosistema. En México, este tipo de estudios aplicados a la osteología, empiezan a vislumbrarse en los años 70 y siguen modelos de estudio norteamericanos.

Por ejemplo, el libro Biocultural Adaptación in Prehistoric America, vierte propuestas de modelos de interacción biológica y patrones de comportamiento. En él Blakely define a la adaptación biocultural como:

La expresión dinámica de la vida del hombre antiguo tomando en cuenta la integración holística de los sistemas ecológico, cultural y biológico, que contesta a preguntas acerca de la historia cultural de poblaciones desaparecidas y que afectan los procesos de adaptación y contribuyen al comportamiento humano.”

 Además,  Buikstra enfatiza la importancia de identificar las relaciones entre variables que den cuenta de la organización social, las estrategias de sobrevivencia, la demografía y los procesos biológicos. Pues como expresa la Dra. Mansilla:

Los datos biológicos del hombre fuera de su contexto representan una página aislada de una base de datos.”

Ínterdisciplina

La integración de los datos biológicos, socio-culturales y ecológicos requieren de un trabajo interdisciplinario, que proporcioné una pluralidad de enfoques y experiencias, que enriquezca teórica y metodológicamente el estudio de las sociedades del pasado. Para ello, dice Mansilla, es importante entender que la interdisciplina no concluyen con una ensalada de conceptos, sino como menciona Troya, con:

 El uso de diferentes saberes que pueden provenir de disciplinas distintas al servicio de una reestructuración, de una complejización que genere nuevos sentidos respecto del objeto de estudio”.

Reflexiones y Perspectivas

Si los modos de vida de las poblaciones humanas son una respuesta a condiciones específicas, el estudio de las respuestas biológicas a condiciones históricas, socio-culturales y ecológicas específicas, que dejan huella en el esqueleto, permiten un avance en el conocimiento de las condiciones de vida y la capacidad de adaptación de las poblaciones del pasado, a las que podemos acceder vía sus restos óseos y cultura material.

El conocimiento biológico del fenómeno humano se vuelve significativo cuando se  estudia como parte del ecosistema físico y cultural. Pero su ampliación requiere de un sistema de pensamiento que permita el intercambio  y síntesis de disciplinas diferentes, expresa la Dra. Mansilla. Quién, además considera que:

Se daría un mayor avance en el conocimiento de los antropología física mexicana, si desde la formación de los antropólogos y en la estructura institucional en donde éstos se insertan, no se fragmentara la disciplina sino que se impulsará la confluencia, comunicación y articulación de conocimientos así como la posibilidad de realizar trabajos transdisciplinarios.”

  Bibliografía

Mansilla Lory Josefina, Los estudios bioculturales y la interdisciplina. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 77-83.

11 Diciembre 2009 at 9:47 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Nickthell Solsona Vargas

Éste es un resumén de la ponencia que Nickthell presentara en el Ciclo de Conferencias de Antroplogía del Deporte, en el Club Berimbau, el pasado 07 de noviembre de 2009.

El hombre es un ser en movimiento, que se ha caracterizado por la imitación de su medio, de donde genera su propia autenticidad y diversificación. Es así, como a través de su historia ha generado el conocimiento, la ciencia, las artes y las actividades recreativas y deportivas.

A lo largo del crecimiento, a través de nuestro cuerpo, a partir de nuestra mente y los procesos que en ella inciden  vamos transformándolas en experiencias.  Y es así como nos apropiamos de los conocimientos empíricos, para hacerlos parte de nuestras vidas, para conceptualizar todo lo que nos rodea. Por lo tanto, cuantas más variables le demos al contacto con el medio -a través de la movilidad- estamos potencializando, nuestras vivencias y ampliando nuestra conciencia y capacidad de percepción.

 La función biopsicosocial de la actividad física, el juego y el deporte.

 Actualmente, vivimos inmersos en una cultura donde las imágenes nos bombardean para consolidar nuevas ideas entorno a nuestro medio. A la vez, éstas, de una manera sugerente y casi imperceptible nos impregnan de ciertas políticas de seguridad[1], como  la salud, que nos aleja de esos miedos sociales llamados: vejez, enfermedad y muerte.

¿Cuántas veces en nuestra vida hemos escuchado la famosa frase Mente sana en cuerpo sano? En la actualidad el deporte ha tomado el rasgo de valor de uso[2], dejando de lado que un cuerpo sano es relativo, pues, debemos recordar que entre individuo e individuo hay variaciones, de hora a hora y de acuerdo a sus actividades.

Muchos deportistas, por elección propia dejan su vida social y académica por los extenuantes y excesivos entrenamientos, pretemporadas y competencias. ¿Qué sucede con los niños que realizan actividades extraescolares como la práctica de algún deporte? ¿Esto los convierte en deportistas? ¿Qué pasa con los trabajadores que participan en las ligas de futbol, voleibol o basquetbol en sus empresas? ¿Dónde clasificamos a las personas que salen a correr y comen de manera sana, por recomendación médica, para mantener estable su salud?

La actividad física es la capacidad del cuerpo humano para reaccionar ante las exigencias de su entorno en la vida diaria. El juego es aquel que no tiene reglas estrictas, la mayoría de las veces es espontáneo, y en pocas ocasiones su desenlace es de importancia para quienes lo desarrollan; contrario al deporte,  donde el resultado es de gran importancia para sus practicantes y grupos involucrados.

Así, en el deporte va inserto el discurso del bienestar y de la salud. Pero ¿hasta dónde será saludable correr una maratón a los 40 y tantos, y morir de un infarto? Son ya dos años consecutivos que en la maratón de la Ciudad de México ocurre esto. Eso me hace pensar que la práctica de un deporte no es tan saludable como la pintan.

Me inquieta observar como las sociedades se fundan en el deporte social, en su ejercicio como estrategia para llegar a una buena salud y a un estado integral de la eficiencia corporal, cuando las actividades son directamente proporcionales a quien las realiza y su ritmo de vida. Es un compromiso que debemos asumir quienes nos dedicamos a la promoción, divulgación enseñanza y/o práctica del deporte,  considerar como rector de nuestros proyectos, la meta común, las características de grupo (principalmente edad y sexo) y las cualidades individuales, para garantizar el alcanzar la meta y el hacer de la actividad una experiencia gratificante para el individuo.

Si quieres conocer la ponencia completa da clic aquí o ve a la pestaña Más de…


[1] Para Damasio cuando la emoción es miedo el estado especial puede ser ventajoso. Aunque, este, debe de ser justificado y no resultado de una evaluación incorrecta de alguna situación o algún síntoma de fobias. (Damasio; 2003: 135).

[2] Lo que es considerado como objetos útiles, en relación a las materias útiles que nos interesan.

4 Diciembre 2009 at 1:36 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología | 1 Comment
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Por Henry Gilbert, Socorro Baéz Molgado y  Raúl Castillo Castro

FOROST, http://www.forensicosteology.org,  es una meta-base de datos basada en la búsqueda de imágenes de traumatismos óseos. Este proyecto está diseñado para la libre difusión de datos de osteología forense en áreas académicas, de derechos humanos, y de aplicación de la ley en las comunidades de todo el mundo.

La principal aportación del contenido de osteologíaforense.org es la base de metadatos visual de libre acceso de lesiones esqueléticas, que compila las colecciones de varias instituciones y países alrededor del mundo.

La identificación del traumatismo a partir de huesos continúa siendo visual, táctil y, en gran parte, macroscópica[1]. Existen distintas maneras de caracterizar las dimensiones físicas de un crimen utilizando solamente ADN. Sin embargo, hay muchas características sutiles en los huesos relacionadas con sus propiedades materiales, su mecánica y los procesos de crecimiento que pueden ser de utilidad en el trabajo del médico forense.

Diferenciar lesiones antemortem, perimortem y postmortem[2] mediante sus características morfomacroscópicas es un requisito que un osteólogo forense capacitado puede hacer con la evidencia ósea y ello se aprende con base en la experiencia.

Aquí es donde entra en juego FOROST. La gente a menudo aprende, por primera vez, sobre el análisis de los traumatismos en las imágenes de los libros. Muchos trabajadores de la escena del delito no tienen acceso a un apropiado entrenamiento, ni acceso a las aulas académicas o a las colecciones de referencia para estudiar los diferentes tipos de lesiones.

Algunos afortunados tienen acceso a las aulas y/o clases donde pueden ver ejemplos reales de trauma, pero incluso hasta las mejores colecciones tienen sólo un reducido número de casos que muestran los diferentes tipos de traumatismos. ¿No sería fantástico poder buscar a través de las colecciones de una gran cantidad de instituciones, ejemplos reales de un traumatismo óseo, cuando se está tratando de aprender o identificar? Pensamos que es así, y en los últimos años hemos estado haciendo esta labor, hablando con curadores y directores de museos de todo el mundo para desarrollar FOROST.

El recurso tradicional para estudiar a los esqueletos han sido las colecciones anatómicas. La diversidad de lesiones que se pueden observar en el esqueleto es enorme, las diferentas colecciones del mundo tienen casos únicos, particulares que hacen de cada caso invaluable en su aportación al campo de la antropología forense.

El proyecto de FOROST se desarrolló sobre la idea de que existe una necesidad de estandarización, enseñanza, investigación y difusión de colecciones persiguiendo mediante el intercambio de lesiones una base de datos internacional.

El libre acceso a la base de datos permite conocer lo que ofrecen las colecciones y las instituciones que las albergan, contar con la referencia y comparación de lesiones similares.

A las colecciones no conocidas que comparten sus imágenes en FOROST les permite ampliar sus relaciones e integrase en medio del conocimiento, investigación  y discusión académica y esto además ayuda a reducir los tiempos y presupuestos mediante el intercambio institucional.

FOROST fue oficialmente lanzado en la primavera de 2009. El sitio ha estado creciendo constantemente desde entonces. El mismo sitio FOROST ofrece más información, por ello los invitamos a conocerlo o incluso participar en este novedoso proyecto.

Para mayor información sobre FOROST da clic aquí.

 


[1] Visible a simple vista.

[2] Antes, durante y después de la muerte, respectivamente.

27 Noviembre 2009 at 2:02 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | Leave a Comment
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Por Gabriela Espinosa Verde

 El origen

 En su artículo La aplicación de la osteología antropológica a la oftalmología, Josefina Bautista, Emma Limón y Alberto Brown, nos cuentan de los resultados que obtuvieron, en el trabajo interdisciplinario que realizaron por más de 15 años. La iniciativa fue del  Dr. Fernando Ortiz Monasterios, quién reunió un equipo de médicos y antropólogos físicos, con la finalidad de obtener patrones de normalidad de estructuras craneofaciales (órbitas, nariz, maxilar, mandíbula). El estudio se realizó con la colección de cráneos de la Penitenciaría del Distrito Federal. Para su desarrollo se formaron distintos equipos, uno de ellos con oftalmólogos y antropólogos físicos, quienes se encargarían del estudio de las órbitas [cuencas de los ojos].

Los objetivos particulares fueron: desde la oftalmología[1], conocer, describir, determinar y aplicar variables normales de órbita en el servicio de Oftalmología del Hospital General “Manuel Gea González” de la Secretaria de Salud; y desde la antropología física, conocer el comportamiento morfométrico de las órbitas al comparar cráneos normales con cráneos alterados por enfermedad o práctica cultural.

Los resultados de un trabajo interdisciplinario

El equipo seleccionó 122 cráneos de la colección y diseñó un modelo de análisis para cuantificar y registrar los datos obtenidos, que entre otros parámetros incluía: altura de una órbita con respecto de la otra, forma y tamaño de la base de la pirámide orbitaria, depresión o protusión de las órbitas y  separación entre ellas.

Con éste modelo analizaron los cráneos de la penitenciaría, y encontraron  que: las órbitas son más anchas que altas y la derecha es ligeramente más grande que la izquierda. Posteriormente, localizaron cráneos con  craneoestenosis (fusión prematura de las suturas) y determinaron las alteraciones orbitarías que presentaban.

Suturas craneales. Imagen tomada de www.monografias.com/.../embarazo/embarazo2.shtml

Entre los resultados, sobresale que el cierre temprano de la sutura coronal y a menudo de la lamboidea produce exoftalmos (ojos saltones) y estrabismo convergente; mientras que  el cierre temprano de una mitad de la sutura coronal o lamboidea (plagiocefalia), produce estrabismo convergente del lado afectado.

Tipos de estrabismo. Imagen obtenida de la web de la Clínica de la Universidad de Navarra. www.cun.es/.../tu-perfil/infancia/estrabismo/

Más tarde los conocimientos obtenidos se utilizaron para valorar a pacientes del servicio de Oftalmología, que presentaban plagiocefalia. Tras aplicar el modelo de análisis concluyeron que el estrabismo convergente del lado afectado es consecuencia de la hiperfunción del músculo oblicuo inferior del lado afectado, por una actividad disminuida del músculo oblicuo superior, debido a la cortedad de la pared orbitaria superior.

Músculos oculares. Imagen tomada de www.visiondat.com/index.php?mod=articulos&art=70

Al considerar que la deformación craneal intencional afecta la estructura orbitaría, el equipo analizó 200 cráneos deformados, concluyendo que la deformación cefálica intencional altera las órbitas, con lo que  desecharon la teoría de que el estrabismo se debe a la alteración de partes blandas o problemas neurológicos.

Deformación cefálica. Museo de Antropología de Mérida, Yucatán

Para concluir el texto, los autores expresan:

Lo anterior es el trabajo que hemos llevado acabo especialistas de dos disciplinas que quizás algunos consideren distantes y lejanas. Nosotros de ninguna manera y en ningún momento las hemos concebido de esa forma. Por el contrario, estas investigaciones nos han permitido ver a la osteología antropológica de una forma muy dinámica y ejercerla de manera interdisciplinaria.”

 Bibliografía

Bautista Martínez Josefina, Emma Limón de Brown y Alberto Brown Limón. La aplicación de la osteología antropológica a la oftalmología. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 229-237.


[1] Rama de la patología, encargada de estudiar las enfermedades de los ojos.

Nota: Si quieres conocer más datos de este artículo, da clic aquí o ve a la pestaña Mas de…

20 Noviembre 2009 at 12:00 AM | In Antropología Física, Divulgación de la Antropología, Divulgación de la Ciencia | 3 Comments
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heterografía-cabecera

Por María Noemí González Anaya

 PARTE I[1]

 De ahí que, hoy por hoy en México la antropología física sea, en nuestro contexto académico, más que una disciplina epicentrada en lo biológico del animal humano –más propio de la perspectiva de una biología humana -una manera de ver y tratar al Homo sapiens y al fenómeno que lo constituye.
Xavier Lizarraga.

 Recientemente, con el desciframiento del genoma humano hemos visto como ha vuelto a surgir la cuestión raza-racismo, aunque no había desaparecido completamente, sí se mantuvo en un bajo perfil. A nivel de divulgación científica han aparecido artículos como Does race Exist?, de Bamshad[2] y Olson publicado en 2003, donde se menciona:

 

 Hay que ver a nuestro alrededor en cualquier gran ciudad, y estará constatando la gran variedad de la humanidad: tonos de piel que van del blanco lechoso al café oscuro; texturas de pelo que van en una gama desde el delgado y lacio hasta el grueso y áspero. La gente frecuentemente utiliza los caracteres físicos como estos -al igual que el origen geográfico y la cultura compartida- para agruparse a si mismo y a los otros en razas”.

A nivel de difusión científica, autores como Menéndez puntualizan que se ha exagerado el énfasis en la cuestión biológica y se ha dejado de lado el aspecto cultural:

 

 …en particular la antropología cultural norteamericana, produjo respecto de la dimensión biológica y de la cuestión racial un modelo explicativo según el cual la cultura y sus individuos eran explicables básicamente por la cultura, por la dimensión simbólica, de tal manera que las dimensiones biológica y racial emergían como secundarias e irrelevantes para explicar la cultura y sus sujetos. Esta concepción se convirtió en dominante no sólo en antropología sino en el conjunto de las ciencias sociohistóricas. No obstante a partir de los cincuenta,  toda una serie de investigaciones y propuestas explicativas fueron poniendo cada vez más en duda dicha interpretación.” 

 Cuando tratamos de definir el objeto de estudio de la Antropología Física, generalmente decimos que: es la variabilidad y la diversidad humana a través del tiempo. A lo que Xavier Lizarraga, apunta:

 

 La historia de la antropología física parece ser la historia de una inquietud encarnada en unos cuantos aventureros osados y egocéntricos, que necesitamos inspeccionarnos a nosotros mismos para explicarnos y llegar a comprender aquello que nos es desconocido y nos perturba porque resulta ser, a un tiempo, muy semejante y muy distinto: el otro dentro del nosotros de la especie. Y por ello, necesitamos pensar cómo pensarnos y escudriñarnos.”

Aunque científicamente, no es posible sostener la existencia de razas biológicas, cuando se comparte más del 99% del genoma, se hace necesario comprender la variabilidad y diversidad de los diferentes grupos humanos. Uno de los aspectos importantes en la formación de los antropólogos físicos es la SOMATOLOGÍA, cuyo campo de estudio son las poblaciones vivas y comprende la medición del cuerpo (somatometría o antropometría), su evaluación visual (somatoscopía) y su evaluación neuroendócrina a través de la fisiología, inmunología, genética, etcétera.

 Debemos considerar: que la somatología es mucho más que sólo antropometría; que estudiar la variación somatoscópica nos lleva necesariamente a considerar y agrupar a las poblaciones que son semejantes, en tipos; que una clasificación tipológica divide a los seres humanos en grupos geográficos sobre la base de la presencia regular de tendencias heterográficas; y que las tendencias etnográficas en áreas culturales se corresponden con los factores económicos.

Cuando evaluamos tendemos a agrupar y este es el primer paso para comprender los lazos sociales y la herencia genética. Como científicos tenemos que encontrar una forma confiable para entender los vínculos entre los grupos y su pasado. Hace al menos 100, 000 años, los humanos modernos emigraron de África hacia otras partes del mundo, y los miembros de nuestra especie se han incrementado dramáticamente. Esta expansión ha dejado una firma distintiva que puede ser rastreada, una gran variabilidad y diversidad humana.

 Todos los humanos somos iguales, al mismo tiempo que  no todos lo somos; hay que considerar las semejanzas y las diferencias, como lo dice Lewontin. Aunque hasta el momento se ha puesto mayor énfasis en las segundas. Como antropólogos intentamos explicar e interpretar la heterografía, la cual asumo como la descripción e investigación de la variación biológica entre las poblaciones vivas.

Desde muchos ángulos, en las poblaciones vivas, son las semejanzas –más que las diferencias- las que nos han permitido desde la paleoantropología establecer el recorrido del ser humano en su proceso de humanización. Son las diferencias visibles las que nos han llevado a intentar formar categorías o taxas que expliquen estas diferencias. Existe un gran número de definiciones que pretenden establecer esta cuestión. Este intento ha llevado a proponer conceptos como raza, etnia, subespecie u otras, que nos han llevado a problemas como el racismo o el etnocentrismo y a que no se considere justificado el término de subespecie.

PARTE II[3]   

El concepto de raza se basa en consideraciones ambiguas, que frecuentemente nos conduce al error, y que aún para los científicos involucra matices emocionales y sobre todo morales. Sin embargo, raza, etnia o subespecie no son en si el problema, desde el punto de vista biológico, como lo menciona González Morales:

Es un error negar la existencia de las razas, por muy buenas razones que se hayan expuesto para ello. Al parecer, la especialización que sufren muchos antropólogos físicos y genetistas humanos no les permite acercarse a otros campos del conocimiento y salirse de los viejos esquemas de la percepción, por lo que siguen considerando a las percepciones visuales como errores de juicio y se dedican a buscar mejores marcadores a través de la genética molecular [...] Las razas humanas no son solamente una realidad psicológica y social engendrada por la necesidad de sociedades y etnias de sentirse diferentes y dotarse así de una identidad. Las razas, antes que nada son una realidad visual. El racismo es una práctica ideológica que busca establecer una jerarquía basada en lo corporal.”

Con base en lo anterior, considero que el problema no es que se acepte la existencia o no de las razas, subespecies o etnias desde el punto de vista biológico o cualquier nomenclatura que se elija [yo elegí el uso del término heterografía]. El problema es que con este concepto se han respaldado un sin fin de conflictos, algunos muy conocidos y recientes.

 El racismo adopta tres formas principalmente:

 1) La de exterminio, donde el miedo a la diferencia hace que se intente eliminar física e ideológicamente al enemigo, como sucedió durante la Conquista en México; durante la colonización en Estados Unidos, África, etc.; recientemente, por nombrar sólo algunos eventos, el exterminio de los judíos en la primera parte del siglo XX, el aniquilamiento de los biafranos a manos de algunos nigerianos.

Más cerca aún, el de diferentes grupos como los somalíes, tutus, kurdos, chechenos, y podríamos seguir enumerando hasta el día de hoy, de la población afroaméricana o la de los israelíes contra los palestinos y los libaneses; o el escudo político con que se cubren acciones terroristas o de estos contra injusticias sociales; como la que esgrimieron, o esgrimen, algunas cabezas de Estado como Bush, Blair, Hersbola o Alkaeda, etcétera.

2) La de considerar a los otros como rivales, que van a apoderarse de lo que legítimamente me pertenece. Por ejemplo, la actitud que se toma hacia los migrantes mexicanos que intentan emigrar a Estados Unidos; contra los africanos que pretenden llegar a las diferentes naciones europeas. ¡Qué decir de nuestros indígenas que abandonan el campo depauperado y su destruida infraestructura! Todos tienen en común el deseo por la superación, la búsqueda de un trabajo que les permita una vida mejor y para ello, casi todos ofrecen su fuerza de trabajo.

 3) La actitud paternalista, quizá la más insidiosa. Los otros siempre son vistos con conmiseración, son los inditos, los negritos, los japonesitos, etc. Casi siempre, considerados como menores de edad a los que hay que proteger (encubriendo una explotación inmisericorde). Con el contacto europeo, llegó igualmente una concepción acerca de la relación entre conquistadores y vencidos en la que las buenas conciencias comparten un poco de su riqueza a cambio de establecer una jerarquía de superioridad.

Aunque la antropología física surge con una carga fuerte de racismo, gran parte del quehacer de Juan Comas estuvo dedicado a luchar contra éste, a perder el miedo al uso esta palabra y a utilizarla sin ninguna carga emotiva, y mucho menos peyorativa. El consideraba que todos los seres humanos vivientes pertenecen a la misma especie, llamada Homo sapiens, las diferencias biológicas están determinadas por diferencias hereditarias y la modulación ejercida por el medio ambiente sobre el potencial genético. Así, en cada población humana hay una amplia diversidad genética y no existe la raza pura.

 En la actualidad se sabe que todos los grupos humanos compartimos un 99.9%  de nuestra reserva genética. Desde la somatología constatamos que en el aspecto físico existen diferencias. Aunque se pueden evidenciar tendencias, me pregunto ¿podemos considerarlas como suficientes para diferenciarnos como subespecies, razas, etnias?

Podríamos pensar en el término de deme como el resultado de una tendencia endogámica en una población reproductiva o raza, únicamente como lo propuso Dobzhansky, como una población que difiere de todas las demás en la frecuencia de expresión de sus genes. Sin embargo, tenemos que considerar los aspectos sociales y culturales que se han construido y que, como apunté anteriormente, desembocan en desigualdades y opresión con base a las expresiones fenotípicas de la humanidad.

 Aunque es realmente reducido el porcentaje genético entre éstos, nos enfrentamos ante el rechazo para utilizar términos como: raza o subespecie. Considero como antropóloga física que no debemos tener miedo a la nomenclatura pero debemos enfrentar esta problemática, soslayarla hará que se deje el campo para problemáticas sociales como el racismo, el etnocentrismo y otras formas de discriminación con base en las diferencias corporales.

Por todo lo anterior, considero necesario a título personal, volver a incluir la materia de raciología como parte del currículo de la Licenciatura en Antropología Física, no se puede combatir a un enemigo que no se conoce, que en este caso es el racismo.

 Bibliografía:

- A. J. Kelso, 1974,  Physical Anthropology, J.B.Lippincott Co., E.E.U.U.

-  González Morales, Armando (2001) “¿Se puede negar la existencia de las razas humanas? En Ciencias Revista de difusión, Facultad de Ciencias, UNAM, México.

-  Menéndez, E. (2001) “ Biología y racismo.en la vida cotidiana” en Alteridades. Cuerpos, culturas y vida cotidiana.UAM, U. Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Depto. de Antropología, México.


[1] La segunda  y última parte de este texto se publicará el próximo viernes 20 de noviembre de 2009.

[2] Michael J:Bamshad, un genetista de la Universidad de Utah de la Escuela de Medicina, especializado en genética de poblaciones y en etiología de las enfermedades. Steve E. Olson, escritor científico, autor de Mapeando la historia humana: genes, raza, y nuestros orígenes comunes, entre otros escritos.

[3] Esta el la segunda parte del texto publicado el pasado 13 de noviembre de 2009

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