24 julio 2009 en 1:46 AM | Publicado en Divulgación de la Ciencia | Deja un comentario
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ecos de un museo

Por  Gabriela Espinosa Verde

I

Los preescolares: mi primera experiencia como divulgadora de la ciencia.

Aquella fue una decisión de último momento, ser becaria del Museo de las Ciencias Universum no figuraba en mis planes, pero no sonaba mal. Desde un par de años atrás había decidido que mi vida, en las ciencias de la comunicación sería la divulgación del conocimiento científico y ésta parecía una buena oportunidad.

Cuando visite el museo para decidir que sala solicitaría, me enamoré de Una balsa en el tiempo. Para mí, ese era el mar en el que un pez, como yo, podría nadar sin complicaciones. Sin embargo, fui designada al Espacio Infantil.  Estaba segura que me gustaba la divulgación, pero me interesaban los adolescentes. Los niños me parecían un público complicadísimo al que debía evitar.

El Espacio Infaltil es un lugar para acercar a los más pequeños al mundo científico. Muchas personas creen que al estar lleno de colores, sónidos y movimiento, es el área de juegos o la guardería del museo, pero para lo más pequeños es una experiencia que quieren volver a repetir o que se niegan ha abandonar, así que amenazan con volver pronto o  al año siguiente.
Niño jugando a ser médico. Cortesía del Espacio Infantil, Universum.

Niño jugando a ser médico. Cortesía del Espacio Infantil, Universum.

¿Quién lo hubiera dicho? Mi primera experiencia como divulgadora de la ciencia fue frente a niños menores de 6 años. Sí, si dude de mi capacidad para aceptar y vencer el reto, pero durante el proceso de capacitación, las responsables de la sala decidieron que tenía posibilidades y me quedé.

A mi paso por el Espacio Infantil. Cortesía del Espacio infantil, Universum

A mi paso por el Espacio Infantil. Cortesía del Espacio infantil, Universum.

La primera visita fue complicada, no sólo por el contenido y por el manejo del público sino también, porque todos los ojos estaban puestos en los nuevas anfitrionas: escuchaban lo que decías y lo que no, cómo lo decías, cómo respondías a las preguntas y comentarios de tu  público, cómo abordabas cada sección de la sala.

Con el tiempo, se gana experiencia y conocimiento acerca del público con el que se trabaja, y eso, te da confianza y más herramientas para dirigir tu visita y adaptarla a las necesidades de cada grupo.

 

Es en esta parte del proceso, donde los profesores y papás son fundamentales. Cuando no encuentras la palabra o el ejemplo más claro, ellos suelen darte una cátedra: las profesoras retoman algo de lo visto en el salón de clases y los papás recurren a experiencias que los niños han vivido. Así cada visita sumas anécdotas, nuevos ejemplos y sobre todo, nuevas posibilidades de  explicar un fenómeno o conocimiento científico. 

Isis explicando el huerto. Cortésia del Espacio Infantil, Universum.

Isis explicando el huerto. Cortesía del Espacio Infantil, Universum.

Mis equipos favoritos, en el Espacio Infantil, eran el de conjuntos y el de ilusiones ópticas. Difícilmente daba una visita sin compartir con los pequeños mi pasión por el pizarrón de conjuntos, él cual es muy sencillo y divertido. Consta de un pizarrón dividido, verticalmente, en tres partes y un bote lleno de números, letras y signos de colores para agruparlos según las reglas que índique el anfitrión: aquí sólo números azules, acá letras rojas y en el último espacio cualquier pieza amarilla.

Me encantaba ver como al inicio de la actividad, con ayuda de los profesores, se armaban dos o tres equipos para después de unos instantes ver a un solo grupo trabajando, todos juntos, sin divisiones. Difícilmente les escuche decir: ¡Te equivocaste! o ¡Esta mal! Lo común era que cuando alguien colocaba una pieza en un lugar equivocado, otro venía y la colocaba en el lugar que le correspondía, sin decir nada y sin llamarle la atención a nadie. Ese es el verdadero trabajo en equipo, donde reina la armonía y sobran las palabras.

Una sóla vez, en 6 meses, me tocó ver a un grupo que respetó los equipos, e incluso, él que terminó primero festejó el haberle ganado a los otros. La única diferencia que observé entre éste preescolar y los demás, es que el director era un hombre.

Équipo de ilusiones ópticas. Cortesía del Espacio Infantil, Universum

Équipo de ilusiones ópticas. Cortesía del Espacio Infantil, Universum.

Los equipos para ilusiones ópticas me gustaban mucho, pero son pequeños para tener a un grupo completo frente a uno sólo. Además, la idea a explicar no es sencilla. La mayoría de las veces sólo logré que los niños descubrieran que la imagen que veían, cuando el equipo estaba detenido era distinta a la que veían cuando estaba en movimiento.

Pero un día, un pequeño, después de observar por un rato me dijo: mis ojos me están engañando. Sobra decir que ese fue uno de mis días más felices, si bien no eran sus ojos los que generaban la ilusión sino su cerebro, logró entender que no era la imagen la que cambiaba por el movimiento sino lo que él veía.

Y que decir de las anécdotas que te cuentan los pequeños, tú estas hablando de los jaguares y ellos te cuentan la historia de cuando visitaron a su abuelita. El reto siempre es saber escucharlos lo suficiente, y redirigir su atención al tema que te ocupa, pues sólo tienes 45 minutos para sembrar en ellos un poco del maravilloso mundo científico…

Brisa apoyando el uso de material de ensamble

Brisa apoyando el uso de material de ensamble. Cortesía del Espacio Infantil, Universum.

II

Fisiología y Salud: Nuevos retos…y con preescolares.

La primera experiencia había sido prometedora. La decisión no era fácil: quedarse en terreno conocido o partir hacia tierras inexploradas que prometen nuevas experiencias. Mi alma aventurera, convencida de que el público que le interesaba era el adolescente, tomó sus mejores recuerdos del Espacio Infantil y se dispuso a marcharse a la sala de Fisiología y Salud.

Un recuerdo inevitable...la foto con Beto

Un recuerdo inevitable...la foto con Beto

 

Beto, un muñeco gigante, que les permite a los niños conocer sobre los órganos y funciones de los aparatos digestivo y respiratorio, es la estrella de la sala. Todo el mundo quiere abrazarlo, tomarse fotos con él, sentir su corazón latir.

Como nueva  anfitriona de la  sala de   Fisiología y Salud también estaba encantada con él. Al principio fue divertido. Los domingos por la tarde hasta invitaba a las personas que visitaban otras salas, a conocer a nuestra estrella.

 

Mi único problema fue que conoce a Beto es una actividad para niños preescolares. Así que entre semana por la sala desfilaban grupos y grupos de preescolar y de los primeros grados de primaria. Mi sueño de atender público adolescente se disolvía con el paso de los días. De vez en cuando llegaba algún grupo de adolescentes, pero no era lo común. Sin embargo, el reto consistió en no perder el interés por acercar a los más pequeños a la ciencia y aprender a trabajar con nuevos públicos, pues los niños de primaria de tercero a sexto grado te exigen cosas diferentes.

Raquel al inicio de la actividad Conoce a Beto.

Raquel al inicio de la actividad Conoce a Beto. Sala de Fisiología y Salud, Universum. Cortesía de Selene Leal.

Ahí aprendí que el lenguaje en divulgación, depende no sólo del grado escolar sino también del tipo de escuela, del profesor, del grupo, de la familia. Por ejemplo, había grupos de segundo grado que podían nombrarte los cuatro tipos de dientes (incisivos, caninos, premolares y molares), otros sabían que había distintos tipos y te nombraban dos o tres (los premolares son los más olvidables), algunos nombraban colmillos a los caninos y otros sabían que son diferentes pero no sabían sus nombres. Lo que todos sabían, es que hay que lavarse los dientes para evitar las caries.

Selene explicando los tipos dentales.

Selene explicando los tipos dentales. Sala Fisiología y Salud, Universum. Cortesía de Selene Leal.

Por la frecuencia con que debía dar Conoce a Beto fui perdiendo el encanto que sentía por él y me lancé a buscar su sustituto en la sala. Poco a poco, la masticación se volvió mi área favorita, no sólo por la explicación de los tipos dentales sino también, por los músculos masticatorios. Me encantaba hacer que los niños sintieran los movimientos del músculo masetero (que se siente ligeramente delante del lóbulo de la oreja)  y del  temporal (se siente a un costado de los ojos) al masticar. Actividad que retomaría en mi última parada antes de dejar el museo.

 Evolución, vida y tiempo: Mi paraíso prometido.

Después de un año, deje fisiología para ir a la sala de evolución. Pero, los preescolares no me abandonaron, me siguieron aun a esa sala y exigieron de mí el mejor de los retos:  ser capaz de acercarlos al proceso de evolución humana.

Entrada de la sala Evolución: vida y tiempo

Entrada de la sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

 Me costó muchas visitas encontrar la forma de compartirles un poco de mi pasión por los orígenes humanos. Con los chicos de los últimos grados de primaria, con los de secundaria, los de bachillerato y los universitarios invertía 20 minutos o más en darles una explicación general del proceso, pero con los más pequeños no podía tardar tanto.

 Así, el Mural de talla de los homínidos se convirtió en la foto familiar de nuestra especie y los niños buscaban en ella al tatarabuelo, al bisabuelo, al pariente más cercano. Nunca pasaron por alto la postura con que cada uno de nuestros ancestros aparece en el mural, su estatura, la cantidad de vello corporal. En ocasiones había que hacerles notar la diferencia en la posición del pulgar del pie en las distintas especies,  aunque otras veces era lo primero que identificaban.

Mural de Talla de los homínidos. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Mural de talla de los homínidos. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Para los chicos de cuarto grado de primaria y hasta los estudiantes universitarios, mi lugar preferido era el árbol de cráneos. Lo pintaba como el árbol genealógico, y al igual que con el mural, intentaba que los visitantes se acercaran a la relación entre las distintas especies, entre nuestros ancestros, que buscarán las similitudes y diferencias entre los cráneos que ahí se muestran.

Árbol de cráneos. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Árbol de cráneos. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Sin lugar a dudas, los cráneos de los parantropos con sus crestas sagitales se robaban las miradas y las reflexiones, cuando  preguntaba a los visitantes sobre la función de la cresta. Era maravilloso ver los rostros de la mayoría de las personas buscando una respuesta. Después de escuchar algunas propuestas recurría a usar  lo que había ensayado en fisiología, la identificación de los músculos masticatorios: el masetero y el temporal. Para después hablarles de la cresta como área de inserción de estos músculos.

Representación de un Homo ergaster u Homo erectus africano. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Representación de un Homo ergaster u Homo erectus africano. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

 

Luego venían los habilis, los erectus, los neandertales y los sapiens; las reflexiones sobre el papel de la cultura en nuestra adaptación a los distintos ambientes; nuestras expectativas de sobreviviencia como especie, para concluir con las dudas de los visitantes, para contemplar sus caras de admiración o desconcierto o hasta para escuchar agradecimientos por generar más dudas, más interés en saber de.

Un comentario que nunca olvidaré, fue cuando una profesora de la UAM se acercó y me dijo: ¿Es usted antropóloga, verdad?  Acto seguido me felicitó y agradeció por el enfoque de la explicación.

 

Otras veces los chicos, los profesores o hasta los papás me preguntaban ¿Qué estudiaste? Sobra decir que me enorgullecía decir antropología física, aunque después debía explicar un poco mi respuesta. Así, los ecos de un museo me recuerdan mis primeros pasos en la divulgación del conocimiento científico.

Otro recuerdo inevitable...la foto con la pareja de Australopithecus afarensis. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

Otro recuerdo inevitable...la foto con la pareja de Australopithecus afarensis. Sala Evolución, vida y tiempo, Universum.

 
Agradezco a Paola Ina González  Domínguez, responsable del Espacio Infantil de Universum, y a Selene Leal, anfitriona de la sala de Fisología y Salud, por facilitarme el material fotográfico para ilustrar este post.

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