28 agosto 2009 en 3:19 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
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africamerica

Por Gabriela Espinosa Verde

Antonio González Martín, investigador de la Universidad Complutense de Madrid (España), al inicio de su conferencia Origen y expansión del Homo sapiens desde una perspectiva molecular: la colonización de América[*], destacó la importancia de las pruebas moleculares en la construcción y revisión del conocimiento histórico.

El origen de nuestra especie.

¿Dónde surgió el Homo sapiens? González expuso dos propuestas teóricas que responden a esa pregunta: la llamada Multirregional basada en el registro fósil y la Eva mitocondrial fundamentada en la genética molecular.

La primera plantea, que los ancestro del ser humano salieron de África hace 1.2 millones de años y ocuparon distintos lugares de Europa y Asía, en donde estas poblaciones, procedentes de una especie ancestral, evolucionaron de manera independiente hacia Homo sapiens. Lo que el conferencista calificó de imposible.

La propuesta alternativa reconoce una primera salida de África, de nuestros ancestros y su distribución por Europa y Asía, sin embargo, sugiere que cada uno de estos grupos tuvo una historia diferente: en Asia los Homo erectus desaparecierón, en Europa evolucionarón a Homo neandertalensis y, es exclusivamente en África, donde los Homo erectus evolucionarón a nuestra especie, el Homo sapiens. Sólo entonces, ocurre una segunda migración que coloniza  Eurasia. En algunos lugares, los sapiens se encuentran con los precursores de la primera oleada,  que dejo África casi un millón de años atrás: los Neandertales.

Para el investigador español:

La variabilidad de los grupos humanos, las variaciones  genéticas y fenotípicas tienen raíces temporales. Son variaciones recientes, muy parecidas y homogéneas todas. Si asumiéramos que la teoría multirregional es cierta,  las diferencias que encontramos en todo el mundo, en  Homo sapiens, tendrían una antigüedad de 1.2 millones de años. Lo que implicaría raíces temporales muy largas, y la biología molecular ha demostrado que somos una especie muy reciente y que nuestra diversidad genética es relativamente baja.”

 La expansión de Homo sapiens fuera de África

Antes de responder a la segunda interrogante ¿Cómo se expandió el Homo sapiens por el planeta? el investigador de la Complutense de Madrid, enfatizó que para los biólogos y los antropólogos un gen es un mensajero que nos habla del pasado de nuestra especie. Después, explicó la expansión del ser humano desde la perspectiva de los estudios de ADN mitocondrial y de la reconstrucción demográfica del pasado.

De acuerdo con la información proporcionada por los estudios de ADN mitocondrial, el ser humano  anatómicamente moderno apareció en África hace 200 mil años. Hace 80 mil años ya se encontraba en Eurasia. En el tiempo que transcurrió desde que apareció el Homo sapiens  y hasta que colonizó Europa y Asia, los grupos africanos se diversificaron y se estructuraron geográficamente.

¿Pero, por qué si el continente africano tiene una gran variabilidad todas las poblaciones no africanas se derivan de un sólo haplogrupo[1], el L3? Por la estructuración geográfica de las variantes genéticas. Las poblaciones que salieron no eran representantes de la población del continente  sino aquellas que estaban más cerca de la salida de África.

Existen dos hipótesis para explicar la colonización de Eurasia, explicó González: por un lado esta la propuesta de una migración desde África hace 120 mil años que arribó a  la media luna fértil por Palestina. La información genética muestra que este primer intento no tuvo éxito, puesto que los restos encontrados en Israel y Palestina no tuvieron continuidad genética en el continente. Por otro lado, existe la propuesta de que la salida se haya dado por el estrecho de Oman, siguiendo una ruta costera por el sur de Asía hasta llegar a Nueva Guinea y Australia, hace unos 70 mil años.

Europa sería colonizada por grupos provenientes de Asía, que a su vez venían de un lugar de África, esto lo prueba la existencia del haplogrupo U, que es propio de Europa, no esta presente entre los africanos, y es intermedio a las poblaciones asiáticas.

Además del estudio de las variaciones en el ADN, el estudio de la composición genética, de las generaciones anteriores, de una población contribuye a reconstruir la evolución demográfica de un continente.  Por ejemplo, en el caso de Europa se sabe que en un determinado momento la población creció, luego se volvió estable, más tarde disminuyó y después volvió a crecer. Estos crecimientos poblacionales se han interpretado como expansiones humanas, que en éste caso  coinciden con las dos colonizaciones provenientes de Asia.

Hace 50 mil años las poblaciones de Asía se diversificaron, colonizaron el centro del continente asiático, y más tarde Europa, con dos oleadas migratorias, una durante el paleolítico hace 45 mil años y otra en el neolítico hace entre 15 y 20 mil años.

Expansión del Homo sapiens. Mapa del Grupo de Investigación en BiologíaEvolutiva de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Expansión del Homo sapiens. Mapa del Grupo de Investigación en Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

 El poblamiento de América

Gonzáles Martín indicó:

 La información genética de las poblaciones aborígenes actuales nos lleva al centro asiático, lo que hace plausible, al menos hoy, que el hombre entró en América por el estrecho de Bering.”   

La reconstrucción demográfica de América mostró, que hace 40 mil años se produjo una expansión de las poblaciones, luego una estabilidad y una nueva expansión hace 15 mil años,  como en  el caso de Europa, estos aumentos en el tamaño de la población nos indican expansiones.

Los datos moleculares muestran que hace 40 mil años las poblaciones del centro o sur de Asía colonizaron Beringia y permanecieron ahí, acumulando variaciones. Al decaer el último glacial, encontraron condiciones ambientales favorables y se expandieron hacia América, hace unos 15 o 18 mil años.

El análisis de secuencias completas de ADN mitocondrial ha permitido reconstruir el poblamiento de América por dos  líneas: una costera trazada por una variante del haplogrupo D4; y otra por el interior,  delineada por una variante del haplogrupo X.

Para cerrar su participación el académico español planteó que ninguna de las poblaciones mesoamericanas tiene la variante D4 o la variante X ¿Qué significa? Aun no se sabe, pues las investigaciones moleculares están trabando en ello.

 


[*] Este es el segundo post, sobre el 5º curso Teórico-práctico “Extracción, análisis e interpretación de datos moleculares” impartido por el Laboratorio de genética molecular de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), durante la semana del 3 al 7 de agosto de 2009 

[1] Variaciones genéticas propias de una población particular.

20 agosto 2009 en 11:30 PM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
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veracruzano

Por Blanca Martínez de León Mármol

Para conocer al ser humano resulta esencial entender el cuerpo, que de alguna manera, es nuestro vehículo de estar y existir en el mundo.  Por medio de éste, recibimos información de nuestro entorno e interactuamos con él; llegamos a identificarnos y diferenciarnos. Pero, también lo construimos y transformamos al paso del tiempo, reflejando con ello el mundo social y natural en el que nos desarrollamos.

En nuestro andar y vivir cotidiano observamos que hombres y mujeres no actúan ni lucen igual. Para entender estas diferencias desde el estudio corporal es necesario ubicarlo en dos planos: el primero, se refiere al cuerpo construido en un mundo social, donde las normas de comportamiento, las prácticas, los valores y las actitudes marcan una diferencia genérica entre lo que reconocemos como lo masculino y lo femenino. El segundo es el  cuerpo físico, donde las diferencias anatómicas y funcionales nos distinguen sexualmente como hembras o machos.

Estas diferencias nos recuerdan, por un lado, que seguimos perteneciendo a un mundo natural en donde todos, como parte de la misma especie, compartimos ciertas características comunes; y por otro, nuestra gran variabilidad biológica y cultural. Es decir, como seres humanos todos tenemos dos ojos pero entre individuos éstos pueden variar en color y forma. Algunas personas tienen la cabeza redonda, otros son altos, algunos son de piel clara, otros robustos, en fin, los seres humanos somos una gama variada de formas y tonalidades.

Si bien se pueden distinguir diferencias entre sexos, individuos, regiones y horizontes culturales, también se pueden describir tipos morfológicos para las poblaciones humanas, como ha ocurrido con las que habitaron la Costa del Golfo.

Figurilla que muestra el tipo morfologico de las poblaciones de la Costa del Golfo. Museo de Antropología de Xalapa. Fotografía de Blanca Mtz de León.

Figurilla que muestra el tipo morfologico de las poblaciones de la Costa del Golfo. Museo de Antropología de Xalapa. Fotografía de Blanca Mtz de León.

Las personas de esta región se describen como individuos de cabezas muy redondas, frente alta, cara ancha, nariz media y con un ligero prognatismo (proyección hacia fuera de la región inferior de la boca). Este tipo morfológico general resulta ambiguo, además, se ha modificando a través del tiempo por múltiples factores, sin embargo, podemos distinguir estos rasgos en ciertas representaciones antiguas de cerámica.

 

Como ya se ha mencionado, la variación de formas corporales responde, en parte, al mundo cultural. Esto se observa, entre otros aspectos, en la costumbre de modificar artificialmente el cuerpo. Algunas de estas prácticas son temporales como: la perforación de oídos, nariz y labios; la pintura corporal.  Otras prácticas son permanentes como la costumbre de alterar la forma de la cabeza en los recién nacidos, utilizando bandas y/o tablillas; mutilar los dientes, limándolos o extrayéndolos; hacerse tatuajes o escarificaciones.

La intención y significado que adquieren estas alteraciones varía según el grupo que las practique: algunas pueden ser marcas de identificación tribal o un distintivo entre clases sociales; pueden deberse a alguna práctica ritual o tener como único fin embellecer el cuerpo. Entre las poblaciones actuales resulta difícil conocer su significado original, pues este cambia conforme pasa el tiempo y la única manera de aproximarnos a él, es a través de un estudio etnográfico.

Cuando estudiamos poblaciones antiguas y sólo contamos con  las evidencias materiales de ciertas prácticas corporales, comprender el significado se vuelve una labor más complicada. Lo que es un hecho, es que en Mesoamérica y en la Costa del Golfo la práctica de modificar el cuerpo era muy común y presentaba una diversidad inimaginable de formas.

Algunas de estas prácticas fueron utilizadas como distintivos entre clases sociales, como lo muestra cierto tipo de forma cefálica (forma de la cabeza) exclusiva para la elite maya. Entre los habitantes de la Costa del Golfo, hasta la fecha, no se ha observado alguna preferencia de forma o práctica entre clases sociales y mucho menos entre géneros.

Durante mucho tiempo se vinculó un tipo de deformación cefálica intencional –conocido como tipo Zapotal- con personajes femeninos como las Cihuteteo y las Tlazolteotl, pues la forma del tocado que presentan alude a este tipo tan peculiar de cabeza alterada. Sumado a la evidencia anterior, se habían observado rastros de esta práctica sólo  en  restos humanos femeninos. Ahora se sabe que esta forma cefálica no es exclusiva de las mujeres, pues nuevos estudios han hallado cráneos masculinos con este tipo de deformación.

Procedente de el Zapotal, Veracruz. Muestra algunas alteraciones corporales como mutilación dental y deformación cefálica intencional. Museo de Antropología de Xalapa, Veracruz. Fotograía de Blanca Mtz de León

Procedente de el Zapotal, Veracruz. Muestra algunas alteraciones corporales como mutilación dental y deformación cefálica intencional. Museo de Antropología de Xalapa, Veracruz. Fotograía de Blanca Mtz de León

Para estudiar estas prácticas, los antropólogos físicos cuentan con restos óseos, crónicas, pinturas murales, códices y sobretodo representaciones cerámicas de formas humanas o antropomorfas, que reflejan la vida y forma de los pobladores antiguos de nuestro territorio.

Entre las mujeres que habitaron la región de la Costa del Golfo, según muestran las figurillas y restos esqueléticos, había alteraciones corporales como: tatuajes, escarificaciones, limado de dientes, perforaciones para portar narigueras u orejeras, pintura corporal o facial.

No es de sorprenderse lo común y diverso de estas prácticas entre los pobladores prehispánicos, pues en todos los grupos humanos sin distinguir espacio y tiempo se han realizado. Basta con mirarnos ante un espejo para darnos cuenta que la modificación y construcción del cuerpo es parte de nuestra existencia  como especie biocultural.

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