6 noviembre 2009 a las 9:43 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
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simiofin

Por Gabriela Espinosa Verde

Chimpancés, orangutanes, gorilas…seguramente has visto a alguno en el circo, en el zoológico o por televisión. Probablemente, alguna vez has escuchado rumores sobre seres monstruosos que habitan los rincones más recónditos del planeta.

Imagina por un segundo que eres un europeo del siglo XVII: nunca has visto un gran simio, has escuchado a los viajeros contar historias de hombres salvajes que habitan tierras lejanas, un buen día tienes frente a ti a un ser cuyas formas te recuerdan la forma humana, un ser que se sienta a la mesa, despliega su servilleta, se limpia los labios, come con cuchara y tenedor, se sirve en un vaso y bebé de él. ¿Qué piensas? ¿Cambia esto tu forma de entender al ser humano?

En su texto, El descubrimiento europeo de los póngidos[1] y sus repercusiones en la filosofía ilustrada, Jorge Martínez Contreras nos lleva a un viaje por las reflexiones de Georges Louis Leclerc, conde de Buffon tras el descubrimiento europeo de dos de los grandes simios, el chimpancé y el orangután.

Entre el siglo XVI y el XVIII, los marineros europeos compraban crías de orangutanes y chimpancés, que de sobrevivir al viaje eran revendidas en Europa. El parecido entre ambas especies es tal, que los naturalistas de la época, incluido Buffon, consideraron que eran variedades de una misma especie a la que llamaron orangután[2].

Más allá de esta confusión, que fue resuelta hasta el siglo XIX, era inevitable no percibir la semejanza de estas crías con los infantes humanos, sobre todo con los europeos, entre los que abundan los niños pelirrojos. Al respecto, Martínez Contreras menciona:

 Sabemos ahora, gracias a la teoría evolutiva y a la genética moderna, por qué los pequeños de estas dos especies de póngidos, englobadas entonces bajo el nombre de jocko, son tan cercanos  fenotípicamente y por qué se parecen de manera asombrosa a los bebes humanos: compartimos un mismo ancestro que vivió hace aproximadamente seis millones de años. La información contenida en nuestros 46 cromosomas expresa una semejanza de más del 98 por ciento con los 48 cromosomas de los póngidos”.

póngidos bebes

Crías de orangután y chimpancé

 Similitudes y diferencias en la vida adulta

 Si bien las crías de chimpancé y orangután son muy parecidas a los infantes de nuestra especie, una vez que éstas alcanzan la vida adulta se alejan del humano desde el punto de vista físico y etológico o del comportamiento. Por ejemplo, la forma general del cráneo humano no varía, mientras que el cráneo de un póngido adulto sufre cambios considerables con respecto al cráneo de un bebe: prognatismo, desarrollo de grandes caninos y de una arcada craneal ósea para que se adhieran los músculos de la mandíbula.

tres cráneos

Cráneos humanos (infantil, adulto) y de orangután (infantil, adulto)

En cuanto a la diferencia en el comportamiento entre un infante y un chimpancé adulto, el autor expresa:

 la naturaleza no doméstica de los primates se manifiesta de manera muy notable, sea cual sea la forma en que fueron criados, cuando se vuelven adultos sexualmente activos. En realidad se doma o aclimata temporalmente, pero no se domestica, a los animales que no siendo domésticos por naturaleza viven entre nosotros privados de su libertad. Es conocido el hecho de que un chimpancé que se ha vuelto adulto se convierte en un animal muy peligroso incluso para sus dueños. Qué diferencia, pues con esos pequeños chimpancés que vemos encariñarse con los humanos, pedir y devolver gestos de ternura, imitar a sus amos, aprender a manipular utensilios, etcétera.”

 Lenguaje e inteligencia

A partir del parecido entre los entonces llamados orangutanes y el ser humano, Buffon se planteó si esta afinidad morfológica y fisiológica implicaba una afinidad intelectual:

 todas las partes del cuerpo, de la cabeza y  de los miembros, tanto exteriores como interiores, son tan perfectamente semejantes a las del hombre que no podemos compararlas sin admiración, y sin asombrarnos que de una conformación tan semejante y de una organización que es absolutamente la misma, no resulten los mismos efectos. Por ejemplo, la lengua y todos los órganos de la voz son los mismos que en el Hombre, y sin embargo el orangután no habla; el cerebro es absolutamente de la misma proporción, pero él no piensa: ¿hay acaso prueba más evidente que la materia sola, aunque perfectamente organizada, no puede producir ni el pensamiento ni la palabra que es su signo al menos que esté animada por un principio superior?”

Con respecto, a la inteligencia[3], el naturalista francés distingue entre ésta y el pensamiento, y la relaciona con la duración del periodo infantil. Desde esta perspectiva, considera que los elefantes son los animales más inteligentes, puesto que tienen el periodo más largo de aprendizaje.

Hoy sabemos que los póngidos son los animales con la infancia más larga. Buffon no reconoció esta situación porque: 1) no pudo estudiar póngidos durante periodos largos, de hecho vio una sola vez un chimpancé vivo, el cual había sido entrenado por un mostrador de animales y al verlo andar sobre sus dos pies creyó que eran animales bípedos; 2) los relatos a su alcance no provenían de observaciones detenidas y 3) las características del elefante eran bien conocidas, puesto que había sido domesticado durante la antigüedad.

Lo que sí pudo intuir a partir de su experiencia como observador de animales domésticos, es que los animales aprenden en función de ciertas habilidades o dones naturales, es decir, que casi todos los animales son capaces de ser educados, entrenados, durante un periodo más o menos largo para adquirir lo que necesitaran el resto de su vida. A este proceso lo llamó aprendizaje individual puesto que no queda rastro de él una vez que desaparece el individuo.

Esto, también, le permitió afirmar que el ser humano es el único susceptible de un aprendizaje como especie, que se acumula de generación en generación, con lo que Buffon se plantea el problema de lo natural y lo aprendido entre las especies cultivadas por el ser humano y el humano mismo.

¿Orangutanes pudorosos?

El naturalista francés, recibió información sobre los orangutanes de los naturalistas holandeses  y de los relatos de los viajeros. Allamand, un admirador y correponsal de Buffon busco al Dr. Relian, un cirujano de Java y le preguntó si era verdad que las orangutanes se volvían pudibundas cuando se miraban sus órganos sexuales, a lo que el médico respondió afirmativamente.

Al respecto Martínez Contreras, aclara que tales sentimientos de pudor que se atribuyeron a los orangutanes no existen, pues los primates al igual que los felinos no aprecian  ser mirados a la cara. Los primates porque tratan de imponer su dominio sobre sus congéneres por medio de la mirada, lo que les evita, en general pasar a la acción; y los felinos porque fijan a su presa antes de atacarla.

Por su parte el Dr. Relian distinguió claramente a los orangutanes de los humanos:

 Si estos animales no constituyeran una raza que se perpetúa, se les podría denominar monstruos de la naturaleza humana. El nombre de hombres salvajes que se les da proviene de su relación externa con el hombre, sobre todo en sus movimientos y en ciertas poses que les son particulares y que no se señalan para nada entre  los otros animales […] estos animales no deben ser comparados a salvajes de tierras desconocidas.”

 El gorila y los relatos de Batell

Batell, un marino y aventurero inglés, del siglo XVI, que vivió prisionero de los portugueses en el África occidental (Angola y Zaire), escribió que en aquella región existían dos tipos de monstruos, uno de ellos los enjeckos, que eran animales grandes y fuertes que no soportaban que los miraran a los ojos.  Incluso el marino relata el caso de un niño negro raptado por un pongo, que no recibió ningún daño porque no lo miro a los ojos.

Este comportamiento se corresponde con la etología del gorila, sin embargo, éste fue descubierto hasta el siglo XIX, trescientos años después de que Batell escribiera sus relatos. La especie fue descrita por Isidore Geoffroy Saint-Hilaire.

Buffon y el descubrimiento europeo de los grandes simios

Buffon en su Historia Natural, a partir de los conocimientos disponibles en su época, sobre los monos y los póngidos, argumentó que la diferencia entre humanos no podía apoyarse solamente en el aspecto físico. Él estaba de acuerdo con Descartes en que el ser humano había sido creado a partir del mismo arreglo de moléculas orgánicas vivas que los otros animales superiores, sin embargo, los seres humanos se diferenciarían de aquellos porque poseen una naturaleza metafísica diferente, cuya manifestación más clara es la palabra.

De acuerdo con Martínez Contreras, muchos estudiosos han ignorado que la obra de Buffon destaca la inquietante cercanía entre simios y humanos, lo que le permite concluir que más allá de sus diferencias raciales los seres humanos son iguales. Este pensamiento no racista se resume en la siguiente afirmación del naturalista: 

 el hombre fue creado como un ser pensante, no que se volvió tal, y esto vale tanto para el genio como para el imbécil, para el europeo como para el hotentote.”

Bibliografía

Martínez Contreras Jorge. El descubrimiento europeo de los póngidos y sus repercusiones en la filosofía ilustrada. En: Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Nueva Época. Volumen 8, número 23, septiembre-diciembre, 2001. 223-237 pp.


[1] En la actualidad, los primatólogos utilizan el término póngido para referirse a los géneros Pan (chimpancé), Pongo (orangután) y Gorila

[2] La variante negra o africana corresponde a los chimpancés y la roja o asiática a los orangutanes.

[3] Buffon llama inteligencia a lo que nosotros hoy llamaríamos cognición, aclara el autor.

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