29 enero 2010 en 12:05 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
Etiquetas: , , , , , , , ,

Por: Gabriela Espinosa Verde

En su artículo Importancia de la interpretación de las alteraciones tafonómicas la Dra. Carmen Pijoan, expone qué es la tafonomía, cómo se dividen los procesos tafonómicos, la importancia de estos conocimientos para la antropología física y hace algunas sugerencias para mejorar la interpretación de alteraciones tafonómicas en restos humanos.

Tafonomía y procesos tafonómicos

El paleontólogo  ruso I. A. Efremov propuso en 1940 el término tafonomía, a partir de las palabras griegas taphos (tumba o entierro) y nomos (leyes o sistema de leyes), explica la Dra. Pijoan, quien además apunta que esta disciplina:

“estudia los procesos que operan sobre los restos orgánicos, tanto animales como humanos, desde el momento de la muerte hasta la generación de depósitos esqueléticos arqueológicos.”

Posteriormente, dice,  los procesos tafonómicos fueron divididos por Müller  en:

a)      bioestratinómicos, aquellas transformaciones que sufren los restos orgánicos desde la muerte de un organismo hasta su entierro. Estos pueden ser de tipo natural (desecación, etc.) o cultural (momificación, desmembramiento, etc.), y

b)      diagenéticos, los cuales ocurren entre el enterramiento final y su recuperación, fosilización o destrucción total.

De acuerdo con la autora, son de especial interés para el antropólogo los procesos bioestratinómicos culturales, es decir, aquellas modificaciones ocasionadas por el comportamiento humano, ya que:

“A partir del patrón de presencia, ubicación y concentración de ellas en una muestra de restos óseos humanos, y su correspondencia anatómica, podremos reconstruir los procesos de la actividad humana y el conjunto de instrumentos que los ocasionaron.”

La interpretación de alteraciones tafonómicas

La presencia de alteraciones tafonómicas ha permitido determinar que durante el periodo preclásico el tratamiento del cuerpo incluye prácticas como el desmembramiento y la decapitación, mientras que en clásico  hay evidencias de sacrificios humanos, decapitación, desmembramiento, y elaboración de instrumentos con huesos humanos; y en el postclásico los recintos sagrados presentan hacinamientos  de huesos como parte de ofrendas, o restos de algún ritual, también aparecen cráneos con modificaciones que indican fueron usados en tzompantlis.

Sin embargo, reconoce la Dra. Pijoan, una de las dificultades a la que se enfrenta el investigador es el determinar  si las alteraciones que observa en el hueso son producto de la actividad humana o de la acción de agentes biológicos y físicos, como marcas de raíces o de abrasión natural. A esto hay que sumar, que pocos trabajos registran y sistematizan las modificaciones culturales presentes en los huesos, lo que de hacerse, permitiría reconocer las actividades que los ocasionaron.

Para solucionar parte de las problemáticas presentes en la interpretación de las alteraciones tafonómicas la autora propone: un trabajo conjunto de arqueólogos y antropólogos físicos para obtener una mayor cantidad de datos durante la exploración;  excavar sitios habitacionales prehispánicos, sobre todo basureros, pues hasta el momento sólo se conocen restos de centros ceremoniales, por lo que habría que buscar si existen diferencias entre el tratamiento dado a un cuerpo en uno u otro contexto; y comparar las alteraciones de restos de otros animales con respecto de los huesos humanos.

Bibliografía

Pijoan Aguadé  Carmen ., Importancia  de la interpretación  de las alteraciones tafonómicas. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 173- 184.

22 enero 2010 en 12:13 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Por: Gabriela Espinosa Verde

En su artículo La antropología física y la identificación personal por rasgos faciales, Maria Villanueva, Carlos Serrano, Jesús Luy y Kart F. Link exponen los antecedentes y el desarrollo del sistema El rostro del mexicano, que es una contribución de la antropología física a las ciencias forenses.

 Un poco de historia

Los  antecedentes más importantes de la identificación por características faciales se encuentran hacia finales del siglo XIX, cuando Alphonse Bertillon, responsable de los servicios de identidad judicial, propone el uso de una ficha personal. Ésta incluía las fotos, de frente y perfil de los sujetos; sus datos básicos como la fecha de nacimiento y la edad; medidas antropométricas y descripciones  de cuello, orejas, ojos, cabello, y particularidades (cicatrices, lunares, manchas, etc.)

A partir del análisis de las fotografías, Bertillon realiza una clasificación de las formas faciales, que con el tiempo permitió a retratistas generar el dibujo a lápiz del rostro de algún delincuente descrito por una víctima o testigo presencial.

De acetatos y computadoras

En la década de los 70, del siglo pasado, los servicios periciales de muchos países contaban con artistas plásticos para realizar retratos hablados. El único problema era que todos los retratos elaborados por un artista seguían un mismo patrón. Como alternativa, en Estados Unidos el FBI (Federal Bureau of Investigation) desarrolló un proyecto para estandarizar la valoración de los rasgos faciales  e incluyó un catalogo de accesorios tales  como lentes, sombreros, gorros, aretes.

A finales de los años 80, se desarrollaron estuches portátiles con impresiones en acetatos, que al sobreponerse generaban el retrato. La década de los 90 y su avance en el campo de la computación, abrió paso a los sistemas asistidos por computadora.

La cara del mexicano

Por un lado, el alto costo y por otro, los problemas de aplicar sistemas con rasgos faciales, predominantemente europeos, al medio latinoamericano, llevó al desarrollo de un sistema de elaboración de retrato hablado, asistido por computadora, basado en las características faciales de la población mexicana.

El proyecto auspiciado por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) y la UNAM,  consideró en el análisis de la variabilidad facial datos de 2890 individuos  (hombres y mujeres) de distintos estados de la República. En cada caso se registró la historia familiar, se tomó una fotografía de frente y otra de perfil izquierdo, y se valoró la forma y color del cabello, el color de los ojos y la piel;  la distribución del vello facial, la forma del dorso de la nariz, así como la distribución facial de pecas, acné, cicatrices, entre otras particularidades.

 Perspectivas

A la publicación del artículo, los autores, veían como fundamentales dos proyectos a desarrollar: 1) profundizar en el cambio de las estructuras faciales y corporales que sufre un sujeto a través de su proceso de crecimiento y desarrollo, que permita predecir como se vería una persona varios años después; y 2) cómo reconstruir  un rostro a partir de un cráneo, considerando que el ambiente, el sexo, la edad, la complexión y la etnia influyen no sólo en el color de la piel, sino también en la distribución del tejido muscular y graso. En ambos casos, la investigación se está generando.

Bibliografía

Villanueva Maria, Carlos Serrano, et. al., La antropología física y la identificación personal por rasgos faciales. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 331-351.

 

Página siguiente »

Blog de WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.