30 abril 2010 a las 2:50 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Por Zalma Victoria Pardo Alvarado

A partir del surgimiento de la antropología del comportamiento como propuesta científica se ha evitado caer en el determinismo biológico, es decir, en la idea de que todo lo que hacemos depende de nuestra carga genética. En el presente trabajo intentaré mostrar un panorama de relación, no de dependencia, entre algunas de las categorías comportamentales y las familias de genes que al parecer las posibilitan o habilitan en ciertos medios. Cabe agregar que esto es un intento para aproximar dos propuestas que tocan de forma distinta el mismo foco de lo humano.

Comportamiento

El comportamiento humano es el resultado casi lógico y mensurable de sus características biológicas y de las presiones ejercidas sobre éstas por el medio, tanto biofísico como sociocultural. Su estudio distingue cuatro categorías: 1) comportamiento territorial, la ocupación de un espacio determinado; 2) comportamiento agresivo, la capacidad de defender o mantener alguna propiedad o característica con respecto a los demás; 3) comportamiento sexual, las estrategias reproductivas que ejerce una población para mantener su vigencia; y 4) comportamiento inquisitivo, la tendencia a satisfacer la curiosidad de reconocer el medio.

Genes

Existen genes que al sufrir alteraciones en su secuencia o en su expresión, se ven involucrados en cambios, en apariencia poco perceptibles, dando lugar a los comportamientos actuales. Como es el caso de los siguientes:

1)   Los genes de la familia OR están ligados al sistema olfativo en los primates y tienden a la inactivación asociada con la capacidad arborícola: donde una vida diurna depende más del sentido de la vista que del olfato, el cual es más útil en la vida nocturna. Así, en  el humano el 60% de estos genes están inactivos, en el gorila el 28% y en el macaco el 36%.

2)   Gen que codifica la Mono Amino Oxidasa–A, ha sido relacionada de forma directa con la agresividad, ya que es la enzima responsable de descomponer la serotonina y la noradrenalina, ambos neurotransmisores que de ser escasos o inexistentes generan un estado alterado de la personalidad del individuo.

3)   Gen FoxP2 se relaciona con el desarrollo del lenguaje. Un primer cambio en este gen data de entre 4-6 y 6.2 millones de años, puesto que las proteínas codificadas por él tienen dos diferencias en los seres humanos con respecto de los chimpancés, gorilas y macacos rhesus. Hace 200 mil años, subsecuente al surgimiento de los humanos anatómicamente modernos apareció un segundo cambio del FOXP2 y sus portadores tuvieron tanto éxito reproductivo que dichos cambios pasaron al resto de la población de forma fija.

4) Gen de anormalidad asociada con al microcefália (ASPM). Este gen es un determinante esencial del tamaño del cerebro y algunas de sus mutaciones son capaces de hacerlo crecer aún más. Además, está aunado al trabajo de la microencefalina, cuya variante apareció hace 37 mil años y esta presente en cerca del 70 por ciento de la gente. Por otro lado, una nueva variante del ASPM apareció hace 5.800 años,  y se encuentra en el 30% de la población.

Reflexiones:

Lo primero que necesita un individuo-especie, como el humano, es un territorio. Para ello, requiere hacer uso de su visión desarrollada al vigilar una zona restringida para desarrollar sus otros comportamientos y capacidades, por lo que la inteligencia y las emociones le ayuda a la percepción y reconocimiento del mismo. Entre más grande es el cerebro, se es más sociable y se requiere mayor territorio.

Justo aquí se inserta la agresividad para la defensa territorial, que se hace más vigorosa cuando el territorio se va reduciendo. En el caso del animal humano el cambio genético para la expresión de la agresividad propició la tolerancia entre los individuos del mismo grupo, aumentando la cohesión social para ayudar a mantener un territorio, una pareja y otras metas necesarias para la reproducción.

Dentro del territorio y manteniéndolo gracias a la agresividad, se presenta la sexualidad para perdurar la especie. Así, una vez que se asegura la continuidad  de la especie, los individuos, por su  inquisitividad comienzan con sus  niveles de inteligencia, resultado del volumen y complejidad cerebral, a conocer y a aprender de su medio de formas y maneras ajenas a los imperativos.

Conclusiones

El potencial biológico surgió con la misma especie, o incluso de forma previa, ya que factores ambientales, quizá en combinación con los cambios genéticos detonaron la manifestación de las capacidades preexistentes. Estos cambios genéticos estuvieron presentes en el pool genético de manera fluctuante, manifestándose u ocultándose en función de las condiciones. Una vez fijos y extendidos, los cambios pudieron perfeccionarse por selección natural de individuos mejor dotados, para las nuevas versiones de comportamientos.

Este es un resumen del texto original, si quieres leero completo y conocer un poco más de la relación genes-comportamiento ve a la pestaña Más de o da clic aquí

1 comentario »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

  1. Me encanto esta entrada, los temas relacionados con la antropología del comportamiento son mis favoritos, conocer el origen genético es maravilloso.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: