20 mayo 2010 a las 5:07 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 24 comentarios
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Por: José Luis Vera Cortés

Este texto es sólo un resumen del artículo original.

INTRODUCCIÓN

En un texto, tan interesante como perturbador, La otredad cultural. Entre utopía y ciencia de Esteban Krotz publicado en 2004, su autor se pregunta cuáles fueron las condiciones qué permitieron la irrupción de la antropología como disciplina científica.  

Después de contestarse que fueron las preguntas derivadas del reconocimiento de la construcción de las identidades y las diferencias entre los diversos grupos humanos, así como la búsqueda de la respuesta a las diferencias entre identidad y alteridad, el texto reivindica la importancia y vigencia de la otredad utópica (del otro ya no sólo como imaginario sino como referencia identitaria deseable) como categoría que jugó un papel fundamental en el cambio de las sociedades occidentales.

Además, en un ejercicio de reflexión Krotz se plantea si actualmente, las condiciones que generaron el origen de la antropología son vigentes y de ser el caso, si podemos pensar en una antropología contemporánea como una disciplina en desarrollo y en búsqueda de un futuro; o por el contrario, si las condiciones que le vieron nacer carecen de vigencia, lo que haría necesaria su desaparición o su refundación. 

Krotz opta por una renovación acorde con el nuevo contexto que involucra el hecho de que la otredad no está como antes lejos y que no son necesarios largos viajes para su encuentro,  no hace falta más que  salir a la calle para encontrarlo. Tal vez en México, donde el Otro y el nosotros no resultaba tan inmediatamente distinto, la antropología tomó desde su inicio derroteros diferentes y tal vez ello sea responsable de la construcción de una identidad disciplinar a la que podemos reconocer como antropología mexicana.

Así pues, para Krotz, la antropología debe refundarse para no convertirse en un proyecto caduco, en una disciplina agonizante, que poco a poco se transforma en una especie de animal quimérico, o peor aún, en el último ejemplar de una especie en extinción, que sólo vive de los triunfos de juventud en un mundo que no es capaz de comprender y al que no es capaz de integrarse.

LA ANTROPOLOGÍA FÍSICA EN MÉXICO: SUS ORIGENES

Nosotros, hijos de esa antropología que vio sin duda tiempos mejores, ¿no deberíamos hacernos la misma pregunta? ¿No deberíamos realizar un ejercicio de autorreflexión y pensar en cuáles fueron las condiciones que vieron nacer a la antropología física y luego a sus variantes locales? ¿No deberíamos entender las especificidades del surgimiento de una antropología física mexicana, si es que existe algo que merece ser llamado de esa manera? ¿No deberíamos, si queremos una antropología física vigente y útil, analizar cuáles son las actuales condiciones donde se desarrolla y tratar de actuar en consecuencia?

Evidentemente, siempre cabe la posibilidad de no hacerlo y pensar que se trata sólo de un debate intelectual en el que el triunfador es aquel que encuentra la Verdad. No lo creo así, considero necesario pensar a la antropología física y su contexto de producción como disciplina científica.

Creo que preguntarnos por la viabilidad presente y futura de la antropología física requiere de al menos dos tipos de evaluación: por un lado de su origen, es decir, de su historia, y por otro de su situación actual y de su contexto de producción. Además, es necesario pensar en las particularidades locales de la antropología física que se practica en México.

Los inicios de la antropología física mexicana estuvieron fuertemente influidos por los intentos de entender el carácter de lo nacional, la búsqueda del tipo físico del mexicano. La constante recurrencia de los antropólogos decimonónicos a la necesidad de homogeneizar a la población mexicana,  dan cuenta de las dificultades ante las que tuvieron que enfrentarse, ya que consideraban que la población mexicana era enormemente diversa y que para forjar una nación, era necesario que su población fuera claramente identificada física y moralmente.

No fueron pocos los argumentos que desde posiciones higienistas, indigenistas y hasta eugenésicas se hicieron por parte de los “padres” fundadores de la antropología física en nuestro país para resaltar la pertinencia y hasta la necesidad de depurar a la “raza” mexicana.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se conformó y profesionalizó un gremio de investigadores interesado en el estudio de la variabilidad física de la población mexicana. Sus intereses se diversificaron alrededor de preguntas relacionadas con el origen de los americanos y de la población mexicana; la identificación del tipo físico del mexicano derivó en la construcción de tipologías raciales de los diversos grupos indígenas, y la aplicación de los presupuestos de la fisiognómica, la frenología y ciertas tendencias de la biotipología en la antropología criminal, marcaron el inicio de la practica antropofísica mexicana a finales del siglo XIX.

Como en otros países, la labor de estos primeros antropólogos físicos se enmarcó en el contexto de la construcción de discursos nacionales, en nuestro caso en el contexto de la construcción de la “mexicanidad”.

Por otro lado, la institucionalización del quehacer antropofísico se lograría entre otras cosas con la fundación en 1939 del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) y con la formación de los primeros antropólogos físicos, institucionalmente formados, en la Escuela de ciencias biológicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El fuerte vínculo entre el estado y la practica antropológica y antropofísica construyó un matiz que ha definido a la antropología mexicana en general y que aún hoy es visible debido a la gran cantidad de investigadores que laboran en el INAH y que orientan sus investigaciones a lo que se consideran las actividades sustantivas del Instituto según su propia ley orgánica. Carácter que subsiste, en alguna medida, por ser la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) la formadora de la mayor parte de los antropólogos físicos de este país en el nivel básico.

ANTROPOLOGÍA FÍSICA MEXICANA: AÑO 2010

La antropología física mexicana tiene como gremio una identidad clara y delimitada, múltiples factores contribuyen a ello: La formación de sus practicantes desde el nivel de licenciatura en la ENAH junto con arqueólogos, etnólogos, lingüistas e historiadores; los posgrados existentes en varias instituciones (ENAH, UNAM, UAY);  la existencia de la Asociación Mexicana de Antropología Biológica (AMAB), las reuniones científicas y publicaciones periódicas, incluso la existencia de un “padre fundador” y de un conjunto de próceres de la disciplina.

Los factores mencionados y algunos más, permiten hablar de un gremio con un alto índice de cohesión, al menos en cuanto al sentido de pertenencia de sus practicantes y a la existencia de una identidad disciplinar. Todo lo anterior ha permitido, a mi juicio, el surgimiento de lo que considero es la mayor fortaleza de la antropología física mexicana: un alto grado de profesionalización de sus practicantes y un nivel también alto de institucionalización de su quehacer.

La pregunta central de este trabajo es si la profesionalización del gremio, es suficiente para asegurarle no sólo la existencia sino darle vigencia, actualidad y utilidad social a una disciplina que, como la antropología física mexicana tiene más de un siglo de existencia.

Considero que la sola profesionalización de un gremio y la institucionalización de su quehacer no nos alcanza para ello.  Creo que la vigencia y actualidad de una disciplina esta dada por el cuestionamiento periódico de sus fundamentos, por el surgimiento no sólo de nuevas líneas de investigación sino de nuevas preguntas que alimenten una labor que esta basada sin duda en una inquisitividad activa y de su utilidad y presencia social. Ello involucra la necesidad de, entre otras cosas, difundir el producto de nuestro trabajo, no sólo entre los especialistas.

 Aclaro que no estoy haciendo un diagnóstico del estado de la antropología física mexicana, estoy insistiendo en la necesidad de hacerlo si queremos darle vida a nuestra disciplina. Así pues, parte del compromiso que creo tenemos como gremio pasa por al menos dos estrategias:

 — La evaluación crítica de los fundamentos epistemológicos de la disciplina, de sus preguntas, de las formas de validación de sus teorías, de la pertinencia de las diferentes líneas de investigación, de la necesidad de desarrollo de otras, de su inserción en el más amplio espectro de la antropología mexicana, de su relación con las ciencias biológicas; de su extraño estatus de disciplina biosocial, de su identidad disciplinar, de su correspondencia con las tendencias mundiales de la investigación y con otras antropologías físicas practicadas en el mundo.

 –Por otro lado, la evaluación crítica de su historia, de sus contextos sociales de producción como práctica científica, de su valor social, de sus compromisos con la sociedad actual, de la pertinencia de sus preguntas de investigación, de sus modos de financiamiento, de sus estrategias de divulgación del conocimiento, de nuestras formas de evaluación, etc.

 Antes de finalizar, llama la atención que ya en 1924 el Dr. Nicolás León, padre de la antropología física mexicana escribiera en las carillas de divulgación del museo Nacional:

 “Toda información científica y aun de simple curiosidad, la proporcionaran el  Profesor y su Ayudante, a todo el que la solicite, teniendo en ello verdadera complacencia por ser esta la mejor manera de excitar el interés por esta disciplina científica que tanto se hecha de menos en el cuadro de la cultura nacional…”

¿Es vigente hoy día esa ausencia en el cuadro de la cultura nacional al que hace referencia el Dr. León? No lo se de cierto, pero lo supongo. En cualquier caso considero que es nuestra responsabilidad ocuparnos de ello, a partir de, pensarnos como disciplina.

 BIBLIOGRAFÍA

–Cházaro, L. 2000. Medir y valorar los cuerpos de una nación: un ensayo sobre la estadística médica del siglo XIX en México.Tesis doctoral. IIF. UNAM.

–García, M. A. A. 2008. Emergencia y delimitación de la antropología física en México. La construcción de su objeto de estudio, 1864-1909. Tesis de maestría. FFyL. UNAM.

–Garn, S. 1962. The Newer Physical Anthropology. American Anthropologist. Vol. 64. Núm. 5. Parte 1. pp. 917-18.

–Hidegger, M. 1988. Identidad y diferencia. Anthropos. España.

–Krotz, E. 2004. La otredad cultural Entre utopía y ciencia. FCE-UAM. México.

–León, N. 1924. Antropología. ¿Qué es la Antropología Física y con que objeto hay un Departamento de ese nombre en el Museo Nacional de Arqueología, Etnografía e Historia?. Cartillas de Vulgarización del Museo Nacional de México. Imprenta del Museo Nacional. México.

–Nisbet, R. 1979. El problema del cambio social, en R. Nisbet, T. S. Kuhn, L. White y otros, Cambio Social. Alianza. España.

–Urías, B.. 2007. Historias secretas del racismo en México. (1920-1950). Tusquets. México.

–Vera, J.L. 2002. Las andanzas del caballero inexistente. Reflexiones en torno al cuerpo y la antropología física. CEFPSVLT. México.

–Villanueva, M., Serrano, C. y J.L. Vera. 1999. Cien años de antropología física en México. Inventario Bibliográfico. IIA.UNAM. México.

–Washburn, S. 1951. The New Physical Anthropology.  Transactions of the New York Academy of Sciences. Serie II. Vol. 13. núm. 7. pp. 298-304.

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