30 julio 2010 a las 12:19 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
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Por: Gabriela Espinosa Verde

 

Frida Gorbach y Laura Cházaro en su artículo De enfermedades y monstruos: una reflexión en la medicina del siglo XIX nos cuentan sobre la paradoja a la que se enfrentó el estudio en México de los llamados “monstruos”, personas cuya apariencia los llevó a ser exhibidos en circos y ferias.

En Europa, Étiénne Geoffroy Saint Hilaire planteaba que la organización de la materia en el monstruo debía ser la misma que en la de un organismo normal, por la que éste era sólo parte de un continuo, que tenía en un extremo la normalidad, como la forma ideal, y la enfermedad y la muerte, en el otro; por lo tanto la valoración de la monstruosidad podía ser sólo cualitativa y expresarse en términos de grado: o se era más o se era menos.

Bajo esta perspectiva, el médico Juan María Rodríguez reunió a su alrededor un grupo de colegas e intentó sistematizar el estudio de los monstruos en México bajo las ideas de Saint Hilare y la clínica médica. El primer conflicto fue con la clínica médica, la cual demostraba que a diferencia de la enfermedad, la monstruosidad no tenía remedio, no había síntomas que la pronosticarán ni terapéutica que la curara y por lo tanto no podían ser parte de la enfermedad en el continuo.

Así la monstruosidad, estaba más allá de lo normal y patológico, era una realidad paralela que Rodríguez explicaba diciendo:

Las monstruosidades “no hacen más que realizar en un ser las condiciones normales de otro tipo”

El siguiente conflicto fue con la visión positivista que reinaba en la época: si los cuerpos de los monstruos eran de naturaleza organizada, debían poder medirse. Además, si lo normal era la suma de todas las diferencias posibles, los monstruos también representaban lo normal.  Esta concepción se contraponía a aquella de la que había partido, en donde los monstruos eran seres excepcionales y fortuitos que no podían ser medidos.

Al final la teratología mexicana, dicen las autoras, demostró que las cuestiones de la vida tenían que ver con manifestaciones cualitativas y al no poder generar una teoría alternativa a la fisiología, que incluyera el azar y la posibilidad de domesticarlo, para finales del siglo XIX confinó al monstruo no sólo a circos y ferias sino también a frascos con alcohol en los escaparates de laboratorios, clínicas y museos.

 

Bibliografía

Gorbach Frida y Laura Cházaro (1997) De enfermedades y monstruos: una reflexión en la medicina del siglo XIX. En: Mechthild Rutsch y Carlos Serrano (editores) Ciencia en los márgenes. Ensayos de historia de las ciencias en México. UNAM-IIA, México. Pp. 79-93.

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  1. En la actualidad la comprensión y tratamiento de los fenómenos físicos que le dan a una persona cierto estado, son comprensibles, a veces las ideas antiguas de monstruos sobrepasan las barreras de normalidad y propician la exclusion


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