La autopsia un esbozo de historia

27 agosto 2010 en 12:01 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
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Por: Gabriela Espinosa Verde

Intente imaginar el escenario: una mañana gris de noviembre, un hombre solo en la morgue de la Universidad de Indiana frente a un cadáver, luces fluorescentes y el goteó constante del grifo en el fregadero de acero inoxidable. El cadáver es de una mujer que acaba de morir y que aun lleva puestos los aretes y el anillo de bodas. Por un segundo, el hombre deja de pensar que esta frente un cuerpo inerte e insensible y piensa en quién pudo ser ella, una joven esposa, una hija, una hermana o una madre. Luego separa a la persona del cuerpo y se concentra en su tarea: la autopsia.

Con este relato inicia Darin L. Wolfe su artículo To See for One’s Self. The art of autopsy has a long history and uncertain future para mezclar su experiencia personal al realizar una autopsia con la historia de dicho procedimiento.

Entre las funciones de la autopsia se encuentran: la confirmación o corrección de un diagnóstico clínico, su uso como herramienta para determinar la causa de muerte; descubrir y caracterizar nuevas enfermedades; evaluar nuevas pruebas para diagnostico, técnicas quirúrgicas, y la que el autor considera muy importante, la educación de nuevos médicos y la extensión de las bondades del conocimiento.

Para viajar a sus orígenes debemos remontarnos, según el autor, a los primeros siglos de nuestro tiempo, época en la que vivió Galeno de Pergamo y en la que era condenada la disección de un cuerpo humano. Por ello, Galeno debió recurrir al estudio de la anatomía de otros animales para comprender la de nuestra especie.

A principios del siglo XIV, Andreas Vesalius expresó la necesidad de hacer una disección a un cuerpo humano para conocer y caracterizar mejor las enfermedades. Un juez de Padua  interesado en su trabajo, le proporcionó la última y más controversial fuente para el estudio  de la anatomía, el cuerpo de un humano que había muerto recientemente. El resultado fue la publicación De Humani Corporis Fabrica, hecho que le valió el titulo de padre de la anatomía humana.

Tras este hecho, el uso de cuerpos y fragmentos humanos se extendió a un grado tal que generó un trafico de restos humanos, hasta cierto punto justificado por la sociedad, pues su adquisición era para un noble fin: el estudio de la anatomía.

Pero fue hasta el siglo XVII cuando nació la autopsia medica como tal y con ella dos técnicas de evisceración que aun están en uso: la técnica Rokinstansky y la Virchow. En la primera, se extraen los órganos de cuello, pecho, abdomen y pelvis en un sólo bloque, lo que permite mantener la relación anatómica entre órganos. En la segunda, se extraen y se hace disección órgano por órgano.

Para concluir este recorrido, Wolfe nos habla del estado actual de las autopsia y plantea que la biopsia y  las “virtopsias” o autopsias virtuales son métodos alternativos que cumplen en parte las funciones de la autopsia, y aunque la tomografía y la resonancia magnética son procedimientos menos invasivos son también mucho más costosos.

A pesar de los nuevos métodos, las autopsias, nos dice el autor, fueron importantes para caracterizar enfermedades como el SIDA y el virus del Nilo, pues como él mismo nombra a su artículo, la autopsia es “ver por si mismo” y así viendo el interior del cuerpo es como se ha podido comprender mejor su funcionamiento.

Hemerografía

– Wolfe Darin L. (2010) To See for One’s Self. The art of autopsy has a long history an uncertain future, En: American Scientist, May-June, Núm. 3, Vol. 98. (Consultado en línea)

13 agosto 2010 en 12:14 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 1 comentario
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Por: Gabriela Espinosa Verde

“Preciso será convenir en esa rivalidad industrial entre los sexos que mantiene la baja de salarios, que degrada y corrompe a la mujer y al niño en el taller, que extermina la vida en el hogar, que solo beneficia los intereses sórdidos del capital, el insaciable afán de lucro, y que desarrolla en el obrero mismo el hábito inmoral de cargar con el peso de sus propias obligaciones al hijo y a la esposa, haciéndoles soportar un trabajo que sólo a él debiera corresponder […]esa tarea agobiadora que hoy se impone a la mujer, es el equivalente en nuestras sociedades ¡triste decirlo! de la antigua trata de esclavos; y en estas fábricas y esos talleres, en donde se deforma la conciencia, el cuerpo y el alma de la mujer…”

Horacio Barrera, escritor mexicano decimonónico, expresaba de esta manera una de las paradojas a la que se enfrentó el México porfiriano con el proyecto de modernización, y que Ana Saloma Gutiérrez expone en su artículo De la mujer ideal a la mujer real. Las contradicciones del estereotipo femenino en el siglo XIX .

El eterno femenino colocaba a la mujer en el ámbito de lo privado y al hombre en el de lo público. Desde la época colonial, según expresa la autora, las mujeres estaban confinadas a la casa o al convento para garantizar la procreación de hijos legítimos, mientras que los hombres controlaban los bienes y mantenían el poder.

La Ilustración modificó este modelo y confirió a las madres la responsabilidad de la educación religiosa, moral y cívica, así como los primeros números y las letras, lo cual no era una tarea menor, pues de la educación dependía la consolidación de los regímenes políticos, por ello, en el México del siglo XIX se planteó la necesidad de que las mujeres recibieran educación elemental.

Sin embargo, el gran conflicto apareció cuando la necesidad de acumular capital obligó a las mujeres de las clases populares a dejar la “seguridad” del hogar para insertarse en el ámbito masculino de lo laboral lo que generó críticas de positivistas, liberales, socialistas e  incluso de otras mujeres, quienes las consideraban un peligro social debido a que al estar fuera de casa podían ejercer su sexualidad fuera de los parámetros establecidos. Lo que no sólo rompía con el ideal de mujer sino también con el ideal de familia preponderante en la época. Más como resalta la autora:

“El trabajo en las fábricas no era una elección personal de las mujeres, no era un medio para obtener prestigio o ascender socialmente. Por el contrario, las circunstancias económicas y sociales obligaron a las trabajadoras a enfrentar el desprestigio de ser ‘fabricantas’ con tal de obtener un ingreso que permitiera la supervivencia de la familia.”

A pesar de sus condiciones de vida, diferentes a las de las mujeres de clase media y de la oligarquía, las obreras fueron incapaces de romper con el esquema impuesto por la élite pues ellas seguían considerándose las únicas responsables del cuidado de la familia y para cumplir con sus obligaciones hogareñas se apoyaban en sus parientas, amigas y vecinas.

Bibliografía

Saloma Gutiérrez Ana (2000) De la mujer ideal a la mujer real. Las contradicciones del estereotipo femenino en el siglo XIX. En: Revista Cuicuilco, INAH-ENAH, México. 205-222 pp.

—χ—

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