13 agosto 2010 a las 12:14 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , ,

Por: Gabriela Espinosa Verde

“Preciso será convenir en esa rivalidad industrial entre los sexos que mantiene la baja de salarios, que degrada y corrompe a la mujer y al niño en el taller, que extermina la vida en el hogar, que solo beneficia los intereses sórdidos del capital, el insaciable afán de lucro, y que desarrolla en el obrero mismo el hábito inmoral de cargar con el peso de sus propias obligaciones al hijo y a la esposa, haciéndoles soportar un trabajo que sólo a él debiera corresponder […]esa tarea agobiadora que hoy se impone a la mujer, es el equivalente en nuestras sociedades ¡triste decirlo! de la antigua trata de esclavos; y en estas fábricas y esos talleres, en donde se deforma la conciencia, el cuerpo y el alma de la mujer…”

Horacio Barrera, escritor mexicano decimonónico, expresaba de esta manera una de las paradojas a la que se enfrentó el México porfiriano con el proyecto de modernización, y que Ana Saloma Gutiérrez expone en su artículo De la mujer ideal a la mujer real. Las contradicciones del estereotipo femenino en el siglo XIX .

El eterno femenino colocaba a la mujer en el ámbito de lo privado y al hombre en el de lo público. Desde la época colonial, según expresa la autora, las mujeres estaban confinadas a la casa o al convento para garantizar la procreación de hijos legítimos, mientras que los hombres controlaban los bienes y mantenían el poder.

La Ilustración modificó este modelo y confirió a las madres la responsabilidad de la educación religiosa, moral y cívica, así como los primeros números y las letras, lo cual no era una tarea menor, pues de la educación dependía la consolidación de los regímenes políticos, por ello, en el México del siglo XIX se planteó la necesidad de que las mujeres recibieran educación elemental.

Sin embargo, el gran conflicto apareció cuando la necesidad de acumular capital obligó a las mujeres de las clases populares a dejar la “seguridad” del hogar para insertarse en el ámbito masculino de lo laboral lo que generó críticas de positivistas, liberales, socialistas e  incluso de otras mujeres, quienes las consideraban un peligro social debido a que al estar fuera de casa podían ejercer su sexualidad fuera de los parámetros establecidos. Lo que no sólo rompía con el ideal de mujer sino también con el ideal de familia preponderante en la época. Más como resalta la autora:

“El trabajo en las fábricas no era una elección personal de las mujeres, no era un medio para obtener prestigio o ascender socialmente. Por el contrario, las circunstancias económicas y sociales obligaron a las trabajadoras a enfrentar el desprestigio de ser ‘fabricantas’ con tal de obtener un ingreso que permitiera la supervivencia de la familia.”

A pesar de sus condiciones de vida, diferentes a las de las mujeres de clase media y de la oligarquía, las obreras fueron incapaces de romper con el esquema impuesto por la élite pues ellas seguían considerándose las únicas responsables del cuidado de la familia y para cumplir con sus obligaciones hogareñas se apoyaban en sus parientas, amigas y vecinas.

Bibliografía

Saloma Gutiérrez Ana (2000) De la mujer ideal a la mujer real. Las contradicciones del estereotipo femenino en el siglo XIX. En: Revista Cuicuilco, INAH-ENAH, México. 205-222 pp.

—χ—

Dejar un comentario »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: