24 septiembre 2010 a las 12:30 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
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Por: Gabriela Espinosa Verde

Es común que los seres humanos tengamos como mascota un perro, pero, ¿sabemos cómo y cuándo inició el proceso de domesticación? Pat Shipman, en un artículo publicado el año pasado, da luz sobre estas interrogantes.

El texto original está escrito en inglés y su título es un interesante juego de palabras: “The Woof at the door” (El ladrido en la puerta), pues en inglés woof es ladrido y wolf es lobo y como explica Shipman, el cambio de una letra puede hacer la diferencia, pues no es lo mismo “el ladrido en la puerta” que “el  lobo en la puerta”.

¿Qué tiene que ver el lobo en esta historia? Mucho. De acuerdo con la autora, los perros descienden de los lobos, probablemente del lobo gris. Aunque es fácil distinguir un perro de un lobo por su apariencia, puesto que los primeros tienen hocicos más cortos y anchos que los segundos, Shipman resalta que la diferencia crucial entre ellos es su trato hacia los humanos: los perros tienen una predisposición genética a buscar nuestra atención y aprobación, además de reconocer nuestro  liderazgo;  los lobos, no. ¿A qué debemos esta diferencia? La respuesta está en el proceso de domesticación.

Imaginen la escena: es un momento distante del pasado, un grupo de humanos encuentra crías de lobo, toman varios o a todos los pequeños y los llevan consigo, les proveen de refugio, alimento y protección (no olvidemos que son cachorros lejos de su manada). El tiempo pasa y los cachorros crecen, algunos se vuelven agresivos, feroces, difíciles de tratar  y  con seguridad serán expulsados o terminarán en una olla; otros  serán más complacientes con los humanos y por lo tanto serán mejor alimentados. Luego, el ser humano descubrirá el olfato agudo  y la velocidad de estos cánidos y consentirá que aquellos con las características que considera deseables se reproduzcan, permitiendo que los “mejores genes” se concentren en las nuevas especies o subespecies que se han formado.

Al inicio del proceso, no hay una domesticación como tal sino un proceso en el que se doma, se promueven actitudes dóciles en los individuos, y con el paso del tiempo la descendencia de estos lobos estará inclinada genéticamente a ser más tratable que sus ancestros. Pero no vayan a creer que este fue un proceso ideado por la mente humana; según Shipman,  la domesticación es para nuestra especie uno de los mejores accidentes de la historia. El impacto de este proceso en los cánidos es un punto que la autora no considera pero que valdría la pena reflexionar en otra ocasión.

¿Hace cuánto que un perro ladra en nuestra puerta? Para responder este cuestionamiento se han seguido varias vías; por ejemplo, en Rusia un grupo de biólogos tomó una colonia de zorros y sólo permitió que se cruzaran los que mostraban actitudes más aceptables para los humanos. Tras el paso de diez generaciones el 18% de los zorros eran menos agresivos y después de 30 generaciones se había creado un “zorro domesticado”. Sin embargo, estos resultados no pudieron homologarse con la domesticación del perro debido a que el experimento se realizó bajo condiciones controladas y con poco contacto entre zorros y humanos.

Por otro lado, un equipo de la Universidad de Uppsala, Suecia, estimó que los perros se diferenciaron de los lobos entre 40 mil  y 100 mil años atrás. Un grupo de investigación distinto, señaló al lobo chino -una subespecie de lobo gris- como el posible ancestro de nuestros perros  y ubicó el inicio de la domesticación entre 15 mil y 40 mil años atrás.

Pero, el año 2009 fue clave en esta discusión pues se daba a conocer que los restos óseos más antiguos (dos cráneos de cánido), descubiertos hasta entonces, tenían 13 mil y 17 mil años de antigüedad, por un lado y, por otro, un equipo de investigación de Bélgica publicaba la datación de fósiles de perro en 31 680 años.

Ante dichos resultados el cuestionamiento fue si nuestras historias no se unen hace 18 mil años sino hace más de 31 mil, ¿por qué los cánidos no están presentes en las primeras muestras artísticas de nuestra especie? Las respuestas también han sido diversas: Michel-Alain Garcia, de Francia, menciona que si bien en las pinturas de la cueva de Chauvet no hay lobos, existen huellas de un niño y un cánido lo que le ha hecho pensar que el niño exploró la cueva acompañado por un perro hace 26 mil años; por otro lado, Paul Bahn, experto en arte prehistórico, menciona que las representaciones de carnívoros son escasas, quizás porque eran un tabú; en otro sentido Anne-Pike-Tay supone que los perros ocupaban una categoría muy diferente de la de otros animales porque eran considerados como miembros de la familia, una extensión del cazador.

Más allá de estas propuestas, Shipman cierra su artículo con una reflexión sobre si un diente de cánido usado como pendiente en un collar  hace 33 mil años podría ser una prueba de la antigüedad de la domesticación del perro. Sin importar si  la respuesta es afirmativa o negativa, se ha puesto en duda que el perro ladra en nuestra puerta desde hace sólo 18 mil años.

Fuente:

Shipman Pat (2009) The Woof at the Door. Dogs may have been man’s best friend for thousands of years longer tan we realized, En: American Scientist, Núm. 4, Vol. 97. (Consultado on-line el 23 de agosto de 2010 en el siguiente URL: http://www.americanscientist.org/issues/num2/the-woof-at-the-door/1)

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