28 enero 2011 en 12:05 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | Deja un comentario
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Por: Gabriela Espinosa Verde

No sé si esta necesidad de volver la mirada es el resultado natural de mi gusto por el pasado (aunque hasta ahora por el pasado remoto) o la consecuencia de llevar un año trabajando en la difusión del conocimiento histórico (de un tiempo más reciente aunque no tan inmediato como del que hablaré esta vez). Lo cierto, es que ahora que en Antropología Física ¿Para Qué? hemos comenzado ha planear el segundo aniversario, no he podido evitar que los recuerdos se hagan presentes.

Ya en 2009 tuve oportunidad de escribir sobre mi paso por el Museo de las Ciencias Universum y todo lo que aprendí ahí, sin embargo, mi historia en la divulgación va un poco más atrás. Como estudiante de bachillerato descubrí mi gusto por los estudios sociales, las matemáticas, la física y otras cosas más. Podría ser astrónomame decía, pero sólo sabría astronomía y eso no me convencía del todo. Quería saber de muchas cosas, no sólo de una. En esa búsqueda me encontré  con el periodismo científico en la pluma de Manuel Calvo Hernando y entonces decidí que sería periodista de ciencia, quizás ese fue el primer brote de una semilla, que quién sabe desde cuando, llevaba sembrada en mi interior.

Cuando parecía que ya había trazado un destino inamovible, la antropología me condujo hasta aquello que siempre había figurado en mi interés, pero que no había considerado estudiar porque no sabía dónde: los orígenes humanos.  Aun así no abandone mi idea de ser periodista y decidí estudiar Ciencias de la Comunicación a la par de Antropología Física.

Aquellos fueron años de locura, mi vida transitaba entre la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ya en ese camino, opté por la comunicación audiovisual como la opción para divulgar la ciencia. Pero no fue hasta que deje atrás la vida de estudiante, cuando las lecturas que había hecho en otros tiempos, a la luz de mis nuevas experiencias, me permitieron obtener el grado de licenciada en Ciencias de la Comunicación, con un proyecto que daba respuesta a ese cuestionamiento que solían hacerme tan a menudo: ¿Qué tiene que ver la antropología física con la comunicación? La divulgación.  Sin duda, no es el único punto de contacto, pero para mí es uno muy importante.

En mi proceso hacía la titulación, mi paso por Universum fue determinante, no sólo por la experiencia que obtuve como anfitriona, de la mano de Paola Ina González, Norma Angélica Corado y Kenia Valderrama,  sino también por la posibilidad de acceder a una biblioteca especializada en divulgación de la ciencia, como lo es la Biblioteca Manuel Sandoval Vallarta y el contar con las sabias recomendaciones del Mtro. Raúl Ortega.

Además, en aquel tiempo tuve la oportunidad de leer, deleitarme y también reírme mucho con el Muégano Divulgador¸ por el que me volví admiradora de Sergio de Régules y seguidora de los números anteriores,  de dicha publicación, para leer las columnas de Ana María Sánchez Mora, y perseguidora de los números recientes para leer a Martín Bonfil.

Así, la divulgación se volvió mi bandera de batalla. Después de ser anfitriona en el Museo de las Ciencias, me invitaron a ser parte del equipo de voluntarios de Universum va a tu encuentro, en el cual participé, primero, bajo la dirección de Adriana Bravo, y más tarde, con Alejandra García. También, tuve la oportunidad de conocer, en ese ir y venir por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC), a Claudia Juárez y su maravilloso trabajo en UNAMirada a la ciencia.

Pero eso no fue todo, seguía interesada en los medios audiovisuales y participé en el Departamento de Televisión de la DGDC, a cargo de Pedro Sierra, quien junto Mara Salazar, Renato Gómez y Marcela Martínez, me permitieron compartir con ellos un poco de la experiencia de hacer televisión.

Luego, llego la oportunidad de dar clases en la ENAH. Mi primer curso fue un experimento, Karla, Gabriel, Deyanira y Beatriz, pueden dar fe de ello. Más tarde, Thanya me permitió no sólo aplicar lo que había aprendido en mi primera experiencia como profesora, sino que además, fue mi cómplice para crear este espacio en el que hoy escribo y en el que ustedes pueden leer sobre antropología física.

Así que, con miras al segundo aniversario de este espacio y haciendo honor a quién honor merece, en próximos post, espero que las letras de algunos, cuyos nombres figuran en líneas anteriores, enriquezcan este espacio con sus propias experiencias, que si bien no serán sobre antropología física, serán sobre la actividad que realiza este espacio: la divulgación del conocimiento científico.

14 enero 2011 en 12:05 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 3 comentarios
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Por: Gabriela Espinosa Verde

¿Cuántos poemas o pinturas, por mencionar sólo algunas formas de expresión artística, debemos a los pensamientos trascendentes y cuántos actos violentos debemos a su ausencia?

Hace algunos días llego a mis manos un pequeño libro de Santiago Genovés que lleva por título: Ciencia y trascendencia. Pensamientos trascendentes, angustia, catecolaminas y violencia. Datos directos de RA1, RA2 y especialmente de ACALI. Integración científico-filosófica.

–¿Qué es RA1,RA2 y ACALI?- fue la pregunta que me hicieron cuando me lo regalaron.

No lo sé, pero las catecolaminas deben ser hormonas, respondí.

La sorpresa fue grande al descubrir que RA1, RA2 y ACALI son los nombres de tres grupos que participaron en un experimento de comportamiento humano, pero resultó mayor  al saber que dicho experimento consistió en aislar a los sujetos por varios días, al enviarlos en balsas a expediciones a través del Atlántico.

Durante los viajes, el doctor Genovés se dedicó a observar el comportamiento de los participantes en aquellos laboratorios flotantes de los que no se podía escapar. Dos intentos de asesinato y uno de suicidio fueron la nota roja, pero más allá de eso, el papel de los pensamientos trascendentes quedo al descubierto.

Un pensamiento de esta naturaleza, nos explica el autor, es aquel que se ubica más allá o más acá de los pensamientos que surgen del racionalismo y el raciocinio positivo, es decir, los que generamos al dejar volar libremente nuestro pensamiento, lejos de las preocupaciones y las actividades cotidianas.

Entre los participantes  se observó que de los 11 individuos con pensamientos trascendentes, diez no entraron en conflicto con los demás y tuvieron diferencias  de orden menor. ¿Cuál es la explicación? Que la libertad mental conduce a cambios fisiológicos como:

>  Frecuencia respiratoria más baja, con menor consumo de oxígeno y de producción de dióxido de carbono.

>  Ritmos eléctricos cerebrales similares a estados de suma atención sin ansiedad

>  Relajación del sistema nervioso central sin atontamiento o adormilamiento

>  Aumento de la resistencia de la piel

> Mayor relajamiento muscular

> Reducción del metabolismo a niveles inferiores a los de estar dormido

Además, predominan las ondas cerebrales alpha, que en condiciones de meditación extrema permiten aplicar al individuo fuertes estímulos externos (ruido, luz, calor) sin ninguna respuesta cerebral, que sea reflejada en un encefalograma.

En cuanto a las catecolaminas, en efecto son hormonas, neurotrasmisores. En el experimento se esperaba que éstas aumentarán con motivo de los periodos de angustia que sufrieron los expedicionarios, sólo en ACALI se tomaron muestras de orina antes del viaje y después del mismo, sin embargo, los rangos se mantuvieron dentro de la zona de normalidad.

Así que, ¿cuántos poemas, pinturas y otras expresiones artísticas, debemos a los pensamientos trascendentes y cuántos actos violentos  a su ausencia? Muchas obras de arte al estar presentes y muchos actos violentos ante su ausencia, pues como dice Genovés:

“ …los pensamientos trascendentes –en cualquiera de sus variantes- nos alejan de frustraciones que, sin duda, acarrean violencia externa e inestabilidad interna, que se traducen en ineficiencia, como secuela de ansiedad, angustia e inadaptación al medio o a una situación particular.”

Bibliografía

Genovés Santiago, Ciencia y trascendencia. Pensamientos trascendentes, angustia, catecolaminas y violencia. Datos directos de RA1, RA2 y especialmente de ACALI. Integración científico-filosófica, IIA-UNAM, México, 1995, 51 pp.

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