8 abril 2011 en 12:01 AM | Publicado en Divulgación de la Antropología | 5 comentarios
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Por: Judith L. Ruiz González

El pulque es para muchos un líquido vital, es una bebida cuyos orígenes se remontan hasta la época prehispánica; incursiona en la historia de nuestros antepasados y se encuentra relacionado con la religión y la medicina, la mayoría de las veces aparece en contextos mágico-religiosos.

En la época prehispánica, nos dice Sahagún, el pulque fue una bebida degustada por sacerdotes, ancianos, guerreros, niños y mujeres, pero cuyo consumo sólo era permitido en ciertos festejos y días del año. Tal restricción se basaba en el hecho de que muy pocos podían soportar la fuerza de sus efectos, la cual se adjudicaba a una fuerza superior centrada en la luna, explican González y Torres.

Esta bebida se consideraba procuradora de un estado paradisíaco y por ello utilizada como símbolo ritual[1]. Considerado así, sólo podía ingerirse durante la celebración de los dioses del vino Centzontotochtin[2] (cuatrocientos conejos) o “los cuatrocientos” dioses de las diversas bebidas fermentadas y producidas con la miel del maguey.

Quien bebiera más de cuatro vasos de pulque en un día no establecido para su consumo se hacía merecedor de un castigo: la primera vez, se le quitaba el cabello al culpable; en la segunda ocasión, se derribaba su casa, y en la tercera, se le quitaba la vida a él y a su familia, refieren González y Torres.

En la época prehispánica, menciona Guerrero, al pulque se le designaba con varios nombres, la mayoría de ellos en Náhuatl: Neuctli o NecutliOctli (bebida ofrecida a los dioses), Teoctli (bebida divina), Tlaloctli (vino de la tierra), nécuatl o tlachiqui (aguamiel recién obtenido), y poliuhqui (descompuesto y podrido).

Durante el contacto con las personas del viejo mundo y la época virreinal, los españoles escucharon a los indios decir poliuhqui, y pensaban que la palabra expresaba el nombre de la bebida, cuando en realidad se refería a su estado  en descomposición. Bajo esta errónea percepción se alteró el vocablo y lo nombraron pulque, según menciona Laborda.

Posteriormente, con el advenimiento de la época colonial, el pulque paso a ser parte de la vida cotidiana. Proveniente de las haciendas pulqueras, este espumoso líquido embriagante era distribuido por todos los expendios de la ciudad e insertándose en la agitada vida urbana desde las primeras horas del día.

Vásquez menciona que al llegar a la ciudad, el pulque se mezclaba con pulque pasado lo que daba como resultado una bebida más fuerte, ofrecida al sector popular por sus efectos breves y prodigiosos contribuían para continuar el vaivén del día, de las fiestas, el baile, la música y los juegos de azar.

El aumento paulatino en el consumo del pulque, entre los indios y demás grupos novohispanos, se dio a mitad del siglo XVIII. Para la corona el consumo de pulque era considerado nocivo para la sociedad, en tanto que impedía el cumplimiento de las obligaciones religiosas y laborales, y propiciaba la libre convivencia sin pudor entre hombres, mujeres y niños dentro de los establecimientos pulqueros. Además, su consumo estimulaba los actos vandálicos como las riñas familiares, los adulterios, las violaciones, los homicidios, las amistades ilícitas e incluso la práctica de la prostitución.

A pesar de la percepción que la Corona tenía sobre el pulque y las restricciones que impuso a su comercialización, éste podía conseguirse sin problema ni restricciones en los mercados de la ciudad, sin embargo era de baja calidad. Se servía en cajetes de barro por los conocidos popularmente como cafeteros.

La bebida que fuera considerada disfrute de los dioses y que acompañó los rituales de la época prehispánica, una de las bebidas más populares del vaivén cotidiano en la gran Ciudad Barroca, se ha relegado hoy a los sectores marginados de la sociedad. Dicho cambio puede ser el resultado de su trayectoria histórica, pues desde el inicio se relaciona con los grupos aborígenes, que habitaron la cuenca de México y que experimentaron una nueva realidad con el inevitable encuentro entre el viejo mundo y América.  Ante tal encuentro no tuvieron otro remedio que adaptarse y mantenerse en los vericuetos de la desigualdad social que se engendró con la llegada de los españoles y que afecto a las clases más vulnerables, como los indígenas: personas que lograron escabullirse entre el manto cruel de la religiosidad y subsistir hasta nuestros días.


[1] El pulque jugaba un importante papel en la vida ritual. En los templos a los sacerdotesencargados de preparar bebidas se les nombraba Ometochtin u Ometochtli Papáztac, y Ome Tochtli a los que preparaban los objetos para el sacrificio.

[2] En esta época, el vino se llamaba Cenzontotochtli por sus diversas maneras de emborrachar. Hay borrachos que no dicen ni hacen nada, hay borrachos que son como arroyos de agua porque lloran tristemente y sollozan, otros borrachos cantan, otros hablan consigo mismos. Bajo sus efectos algunos se ahorcan, otros se arrojan al agua para ahogarse, otros matan. Si es la mujer la que se encuentra borracha, ésta se cae sentada en el suelo con las piernas encogidas y se desgreña. Todos estos efectos, calificados de negativos se atribuían al dios del vino (Tezcatzóncatl ) y al vino, no al borracho (Sahagún, tomo I; 2000).

Bibliografía:

– B. Gold, Dudley (1973) Nota sobre el Pulque y el Mezcal en Cactáceas suculentas Mexicanas. Órgano de la sociedad Mexicana de Cactología. Vol.18 tomo XVIII Nº 1

– Concalves de Lima, Oswaldo (1990) Pulque, Balchè y Pajauaru. En la Etnobiología de las bebidas y de os alimentos fermentados. Fondo de Cultura Económica.

– Fournier García, Patricia (2007) Los Hñahñu del valle del Mezquital. Maguey, pulque y alfarería. INAH, México MMVII.

– Guerrero Guerrero, Raúl (1980) El Pulque: Religión, cultura, Folklore. SEP INAH. Instituto Nacional de Antropología e Historia.

– Godoy Augusto, Herrera Teófilo y Miguel Ulloa (2003) Más allá del pulque y el tepache. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de investigaciones Antropológicas.

– González Torres, Yolot (1975) El culto a los astros entre los Mexicas. Secretaria de Educación Pública, SEP/SETENTAS.

– Herrera, Teófilo y Calderón Villa Gómez Angélica (1991) Levaduras aisladas del pulque, la bebida tradicional de México (pulque blanco o natural y pulque curado de avena). Revista Mexicana de Micología, vol.7 pp. 121-128.

– Riquelme, Silvino (1917) Breves apuntes sobre el pulque, considerado desde los puntos de vista higiénico, social y económico. Sobretiro de Societe scientifique “Antonio Alzate” Tomo 39, 1920 – 1921, pp.303-333.

– Sahagún, Bernardino (1999) Historia general de las cosas de la Nueva España. Editorial Cien de México.

Vázquez Meléndez, Miguel Ángel (2005) Las pulquerías en la vida diaria de los habitantes de la Ciudad de México. En Historia de la vida cotidiana en México, vols. III, México, Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México.

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