24 junio 2011 a las 12:15 AM | Publicado en Antropología del comportamiento, Ontogenia, Paleoantropología y prehistoria | 3 comentarios
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Por: Abigail Martínez Pérez

Era lunes en la tarde, la clase sería especial porque tendríamos un expositor invitado que nos contaría ciertos aspectos sobre los primeros grupos de cazadores – recolectores. El ambiente era el mismo de cada lunes: todos atendíamos al profesor titular y esperábamos a nuestro invitado, el cuál hizo su aparición  pasadas las 18 horas.

La charla fue amena e interesante, los temas de discusión fueron el tipo de herramientas y producción lítica de los primeros humanos anatómicamente  modernos, sus modos de vida y las diversas formas en las que obtenían y manufacturaban las herramientas.

La clase seguía su curso y no se había dicho nada que sonara inquietante, hasta que se tocó el tema de cómo se regulaba el crecimiento poblacional de aquellos primeros grupos.

“… la lactancia prolongada en las madres de los grupos cazadores–recolectores, así como el posible uso de algunas yerbas con fines abortivos eran, muy probablemente, uno de los modos con los que estos grupos regulaban su población… esto lo hemos visto por medio de la etnografía hecha en los grupos cazadores–recolectores contemporáneos…”

Ese comentario  me causó  dudas al respecto, que me llevaron a leer e informarme sobre el tema, más específicamente, sobre la lactancia prolongada. Algo de esa información y de mis reflexiones es lo que comparto a continuación.

 La lactancia prolongada consiste en amamantar al bebé  por largos periodos de tiempo, que pueden ir de los  tres a cinco años aproximadamente. Durante ese tiempo la hormona prolactina juega un papel muy importante ya que  estimula la secreción de leche materna.

 La concentración de prolactina en la sangre se eleva constantemente desde la 5ta semana del embarazo hasta el nacimiento del niño,  momento en el que alcanza un nivel de 10 a 20 veces mayor que en una mujer  normal no embarazada. Tras el nacimiento, desaparece la secreción de estrógenos y progesterona por la placenta, lo que permite que actúe el estímulo lactógeno  de esta hormona y las mamas comiencen a producir leche, paulatinamente.

 Después de nacer el niño, el nivel basal (nivel durante el reposo o ayuno) de secreción de prolactina  vuelve en unas semanas al nivel previo del embarazo. Sin embargo, cada vez que la madre amamanta al niño, las señales nerviosas que pasan desde los pezones hasta el hipotálamo producen una “oleada” de dicha hormona. 

 En la mayoría de las madres que lactan a sus hijos, el ciclo ovárico (y la ovulación) no se reanuda hasta unas semanas después de dejar de amamantarlos. Al parecer, esto puede deberse a que las señales nerviosas procedentes de las mamas llegan al hipotálamo y causan la secreción de prolactina durante la succión del pecho y este aumento inhibe la formación las hormonas luteinizante y foliculoestimulante, que regulan el ciclo menstrual, nos explican Guyton y Hall.

 Al ocurrir esto,  hay tiempo suficiente entre el nacimiento de un hijo y otro para que la madre le enseñe lo necesario al bebé en turno sobre aquellas prácticas que le darán sustento durante su vida: la recolección de frutos, el caminar y ser, hasta cierto punto, autosuficiente. En este sentido, aunado al aumento de la prolactina que provoca la amenorrea lactacional, apunta Campillo:

existe  un “… periodo adicional de esterilidad en la mujer, lo que permite espaciar los nacimientos y contribuye al desarrollo del niño evitando la llegada de hermanos competidores, ya que esta posibilidad ocasionaría la aparición de madres con un número excesivo de hijos pequeños, de distintas edades, mal alimentados y con pocas posibilidades de sobrevivir”.

Aunque se sabe poco acerca del comportamiento reproductivo humano en tiempos prehistóricos, Harris y Ross, nos plantean que:

 “…durante el largo curso del Paleolítico, hay algo que parece seguro: la población creció  a una tasa global muy lenta. El motivo básico de esta lenta tasa de crecimiento se halla sin duda en la vulnerabilidad de los modos recolectores de producción ante los efectos destructivos de los agotamientos de recursos de animales y plantas. Los cazadores – recolectores carecen de la tecnología necesaria para controlar la tasa o la distribución de la reproducción de animales y plantas, que son los signos distintivos de la domesticación, y en consecuencia no pueden sostener una población densa ni periodos prolongados de crecimiento demográfico”.

Las mujeres y hombres  de hace 35 mil años no tenían la necesidad de regular la explosión demográfica, así que me pregunto ¿por qué habrían de frenar la tasa de nacimientos, si el mundo apenas comenzaba a poblarse? ¿Qué tan viable es extrapolar los resultados de los estudios hechos con grupos de cazadores- recolectores  contemporáneos a las explicaciones sobre los primeros pobladores? ¿Tienen o tenían ambos grupos las mismas intenciones al llevar a cabo la práctica de la lactancia prolongada? ¿Es la lactancia prolongada una estrategia ontogenética (de desarrollo) o una práctica cultural?

Ahora bien, no hay que confundir los motivos de la práctica de la lactancia prolongada de los cazadores-recolectores actuales con la de los primeros grupos humanos, ya que inclusive hoy día la lactancia prolongada no es necesariamente un modo de frenar la explosión demográfica. Los motivos de dicha práctica pueden ser tan variados y distintos entre cada grupo que es, considero yo, aventurado hacer este tipo de afirmaciones sobre los primeros pobladores con base en la etnografía moderna  y más difícil aún, sustentar esto con pocas o nulas pruebas. Si bien no pongo en duda que esta práctica fuera llevada a cabo, los motivos no debieron ser iguales.

Referencias                                                            

    • Soledad Díaz. LACTANCIA E INFERTILIDAD EN EL PERIODO POSTPARTO. Instituto Chileno  de  Medicina Reproductiva.  Chile.
    • Marvin Harris, Eric B. Ross, MUERTE, SEXO Y FECUNDIDAD, La regulación demográfica en las sociedades preindustriales y en desarrollo. Alianza Editorial
    • Federico Guillén Salazar, Gemma Pons – Salvador. EL ORIGEN EVOLUTIVO DEL COMPORTAMIENTO SEXUAL HUMANO: Una aproximación desde el campo de la psicología evolucionista. Revista de Psicología general y aplicaciones. 2002. Número 55, 187-202. Valencia España.
    • Gema Gómez Zurita, Daniel Martín Bayón. Aproximación antropológica a la crianza y otros aspectos de la organización de la vida familiar. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente. 2009.
    • José Enrique Campillo Álvarez,  La cadera de Eva, el protagonismo de la mujer en la especie humana. Editorial Crítica.
    • J. Adovasio, M. Soffer. El sexo invisible el verdadero rol de las mujeres en la prehistoria. Editorial Lumen. 2008
    • Arthur C. Guyton, John E Hall. Tratado de fisiología médica, décima edición. McGraw – Hill Interamericana. México. 2000

3 comentarios »

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  1. Muy interesante, investigaré más sobre el tema. Me sentí identificada con el título, yo tomé leche materna hasta que cumplí año medio, no por una condición de adaptación, pero no estoy segura del porqué, también investigaré eso. Gracias.

  2. Si, también sé de casos donde aún amamantando se da otro embarazo. En mi caso particular tuve una lactancia prolongada y efectivamente mi siguiente embarazo se dio al termino de esta.

  3. Abigail

    Resulta que ha habido embarazos aún cuando la madre contínua amamantando a su bebe, hay casos documentados por el hospital Zubiran, el de nutrición (de momento no tengo las fichas bibliográficas). No te puedo dar más detalles, de momento, pero si es cierto que muchas mujeres del campo tienen hijos en poco lapsos de tiempo, aún cuando la madre contínua amamantando a su primer hijo. De lo anterior, se cree que hay una relación entre el amamante de dos hijos al mismo tiempo y la desnutrición de ambos.

    atte

    cotaxtla


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