24 junio 2011 a las 12:05 AM | Publicado en Divulgadores y antropólogos | Deja un comentario
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Por: Kenia Valderrama Díaz

Desde que uno elige su carrera y tiene conversaciones con aquellos que ya lo hicieron, uno va construyendo su camino laboral. En algún punto de este camino es obligado llegar a la pregunta ¿qué de mi carrera me gusta más?

Fue difícil encontrar la respuesta y probablemente la mía suene ambiciosa, pero si uno está convencido de lo que eligió y sabe que es lo que quiere, uno puede conseguirlo. Yo buscaba en ese momento algo que me permitiera explotar mi creatividad, cuestionar, aprender cosas novedosas, convivir con la gente, viajar y, lo más importante, que me la pasara bien. 

Un día una amiga me invitó a una reunión informativa para pertenecer al grupo de becarios-anfitriones de Universum, el Museo de las Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, llamada en pocas palabras la U.N.A.M.

Al ser aceptada y estar realizando mis actividades, descubrir un mundo nuevo y maravilloso para los biólogos: LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA.

Gracias al buen ojo de mis coordinadores y a las condiciones del museo, mis habilidades en la divulgación fueron  reconocidas y fortalecidas.

Durante muchos años me dediqué a la enseñanza y divulgación de la Educación ambiental: de manera formal (escuela),  no formal (talleres, cursos) e  informal (museos, conferencias). Todo pintaba bien porque cumplía con mis expectativas. Me movía como pez en el agua al disfrutar la ventura de la divulgación de la ciencia y enriquecerme en todo momento.

En 2007 me encontraba en la Coordinación de becarios del museo, un área administrativa. En ese mismo año también se inició el proyecto Evolución, vida y tiempo, una exposición permanente y única en el país que habla sobre la teoría de la evolución propuesta por el naturalista inglés Charles Darwin.

Debo confesar que el tema no me apasionaba, pero me resultaba retador divulgar temas de evolución y participar en la realización del proyecto. Volver a las andadas de la divulgación liberaba en mí mucha adrenalina.  Cuando se terminó el proyecto y me quede a cargo de la sala, día a día aprendí un sin fin de cosas al estar en contacto con los investigadores,  al formar a los estudiantes y observar y escuchar los comentarios de los visitantes: ¿Es magia? ¡Es cierto! ¡Ya lo había escuchado!  Se paraece a…

Dar chispazos de ciencia a los que la disfrutan me entusiasma; sin embargo, este entusiasmo se incrementa cuando veo sus caras de asombro porque descubrieron algo nuevo; por ejemplo, el entender por qué no venimos del mono, el  saber por qué hacían caricaturas de Darwin con cara de chimpancé, al descubrir que las ballenas tiene un ancestro terrestre, etc., etc., etc.

Ahora estoy a cargo de las salas de Evolución y Conciencia de Nuestra Ciudad, esta última me regresó de una manera enriquecida al camino de la Educación ambiental.

“Cuando uno aprende algo cada día, vale la pena el día”

Marzo, 2011.

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