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Partiendo de la convicción, de que existen distintos públicos para la divulgación, este espacio (de momento) será utilizado para ampliar la información vertida en los post.

Por Zalma Victoria Pardo Alvarado

A partir del surgimiento de la antropología del comportamiento como propuesta científica se ha evitado, con el afán más objetivo, el relacionar de forma directa la evidencia etológica o comportamental con la evidencia genética para no caer en el determinismo biológico, es decir, en la idea de que todo lo que hacemos depende de nuestra carga genética.

En el presente trabajo intentaré mostrar un panorama de relación, no de dependencia, entre algunas de las categorías comportamentales y las familias de genes que al parecer las posibilitan o habilitan en ciertos medios. Cabe agregar que esto es un intento para aproximar dos propuestas que tocan de forma distinta el mismo foco de lo humano.

COMPORTAMIENTO

Una definición de comportamiento, en el caso humano, nos puede permitir entenderlo como un resultado casi lógico y mensurable de sus características biológicas y de las presiones ejercidas sobre éstas por el medio, tanto biofísico como sociocultural.

De forma regular se distinguen cuatro categorías del comportamiento al abordar su estudio:

1) comportamiento territorial. Demuestra la ocupación de un espacio determinado para el desarrollo de los individuos de una especie;

2) comportamiento agresivo. Muestra la capacidad de defender o mantener alguna propiedad o característica con respecto a los demás;

3) comportamiento sexual. Demuestra las estrategias reproductivas que ejerce una población para mantener su vigencia; y

4) comportamiento inquisitivo. Muestra la tendencia a satisfacer la curiosidad de reconocer el medio.

Para posibilitar la ejecución de mis ideas es importante recordar que todo comportamiento tiene un sustrato biológico, que se complementa con la intervención de la cultura, durante el desarrollo del individuo, al formar parte de una sociedad.

Genes

Empecemos por el caso de las familias de genes, es decir, estos grupos de loci[1] relacionados evolutivamente dentro del genoma, que al sufrir  alteraciones en su secuencia o en su expresión, se ven  involucrados en cambios, en apariencia poco perceptibles, dando lugar a los comportamientos actuales.

Familia OR

El más antiguo de los cambios comenzó con los genes de la familia OR, que están ligados en la actualidad a la evolución del sistema olfativo en los primates. Muchos de los prosimios son nocturnos y están adaptados para vivir en la oscuridad, lo que incluye un sentido del olfato bien desarrollado. En cambio los monos y simios, evolucionaron de acuerdo a la adaptación de la vida diurna y no es tan necesario un agudo sentido del olfato, pues se tiene una mayor dependencia de la vista.

Buck y Axel descubrieron que existe una gran familia de aproximadamente 1000 genes distintos que generan un número equivalente de tipos de receptores de olores en neuronas olfativas sensoriales. Éstos son receptores de sustancias químicas volátiles, cuyos estímulos se trasfieren de forma directa al cerebro por medio del bulbo olfativo. Estos genes funcionan por red epistática, es decir, el efecto por el cual la acción de un gen enmascara o interfiere en el funcionamiento de otros genes, lo que se conoce como la onda de expresión del gen (Buck y Axel, 1991).

El caso de los genes OR marca una tendencia a la inactivación en primates, asociada con la capacidad arborícola: la altura propicia el desarrollo visual haciendo poco directa la información olfativa. En el humano el 60% de estos genes están inactivos, en el gorila el 28% y en el macaco el 36%. En general, el taxón primate sufriría en distintas escalas una disfunción del gen (Gilad, et al. 2003).

En el cromosoma 11 el número de genes OR es mayor, en comparación con el resto de los cromosomas. De manera directa, no se sabe como actúan, lo que si se sabes por ejemplo, es que el OR17-40, codifica aldehídos alifáticos, que entre otros, perciben el octanol u olor a carne. De igual forma, se sabe que el 54% de los genes OR humanos sufren una mutación stop, es decir una disfunción de la expresión del gen (Gilad, et al. 2003).

Hay que reconocer a las mutaciones que sufren los genes OR a partir del linaje, ya que la mutación 10AAIp en la posición 302, está presente en gorilas, chimpancés y humanos, se le estima una antigüedad de 19 millones de años; mientras que la mutación 10TIp, en la posición 391, es exclusiva de nuestra especie y su antigüedad no supera los 6 millones de años.

Amino Oxidasa-A

El segundo cambio significativo, que tomaré en cuenta, se dio en el gen que codifica la Mono Amino Oxidasa-A, ubicada en el cromosoma X p11. Ésta ha sido, a últimas fechas, relacionada de forma directa con la agresividad, ya que es la enzima responsable de descomponer la serotonina y otras sustancias químicas, en otras palabras, su papel es deaminar, eliminar el grupo amino en la noradrenalina y a la serotonina. Ambos, neurotransmisores que de ser escasos o inexistentes generan un estado alterado de la personalidad del individuo. Se piensa que este cambio ocurrió hace unos 200 mil años.

Se sabe que el 2% de la población mundial posee una sustitución en la tercer base de un codón[2]: en la posición 436 hay un cambio de una C o citosina por una G o guanina, y afecta la secuencia del aminoácido que normalmente es CAC por una secuencia CAG, que es un codón stop o de terminación (Cohen, et. al. 2003).

El grado de desequilibrio del acoplamiento no es típico de lugares genómicos nucleares y se sugiere que la estructura subyacente de la población se pudo haber acentuado por un “barrido selectivo[3]”.  Se han observado casos con más de tres repeticiones en el polimorfismo de la región del promotor (Cohen et al 2003).

En ayuda de esta sugerencia Gilad et al. (2002) encontraron una reducción en niveles de la diversidad y un exceso de altas variantes de frecuencias derivadas, según lo esperado tras un episodio reciente de selección positiva.

FOXP2

Refiriéndonos a otro gen, al inicio de los años 90 Hurst y colaboradores, describen marcadores moleculares en la familia FOX , que les  permitió localizar el primer gen relevante en la capacidad humana para desarrollar el lenguaje en  la región del brazo largo del cromosoma 7 (Fisher et al., 1998).

El estudio sugiere que pequeños cambios de longitud pudieran no afectar significativamente la función de la proteína. Se centran en comparar los segmentos complementarios de ADN que codifican la proteína FOXP2 del chimpancé, el gorila, el orangután, el macaco rhesus y el ratón con respecto al humano, así como la variación intraespecífica del gen. Se descubrió que su principal forma de empalme codifica una proteína de 715 aminoácidos que pertenece a una clase de factores de trascripción, es decir, es un gen cuya función es activar a otros genes, a los que Wilson llama reguladores (Fisher et al., 1998).

Las proteínas codificadas FOXP2 en primates como el chimpancé, el gorila y el macaco rhesus son todas idénticas entre sí y tienen sólo una diferencia  respecto a la proteína del chimpancé y dos respecto a la del ser humano,  mientras que, la del orangután presenta tres diferencias con la del humano. Por lo tanto, dos de las tres diferencias en aminoácidos se presentaron en nuestro linaje desde el último ancestro en común entre nuestra especie y el chimpancé hace entre 4.6 y 6.2 millones de años.

Estudiando un reducido número de mutaciones silenciosas se han logrado obtener pruebas que sugieren que estos cambios son muy recientes y que fueron objeto de un barrido selectivo. No se observó una diversidad reducida en el FOXP2 humano, relativa a su divergencia del chimpancé, como se esperaría bajo un modelo selectivo simple. Sin embargo, la magnitud de la reducción de la variabilidad esperada después de un barrido selectivo depende de forma crucial de la tasa de recombinación. Cálculos de recombinación entre polimorfismos intrónicos[4] estudiados sugieren que esta región del gen experimenta tasas de intercambio genético aproximadamente cinco veces superiores al promedio del genoma.

Hoy se piensa que, en algún momento hace 200 mil años, subsecuente al surgimiento de los humanos anatómicamente modernos apareció el cambio del FOXP2 con una o las dos mutaciones decisivas y que sus portadores tuvieron tanto éxito reproductivo que dichos cambios pasaron al resto de la población de forma fija, excluyendo a las versiones previas del gen (Lai et al., 2000).

ASPM (Anormalidad asociada con la microcefalia)

Otro gen cuya importancia en esta discusión es evidente, se encuentra ubicado en el cromosoma 1, base 31, brazo P, y se ha nombrado ASPM que deriva de las siglas en inglés de ‘anormalidad asociada con la microcefalia’. Se conoce su acción cuando muta, ya que genera problemas de desarrollo como la microcefalia humana, una severa reducción del tamaño de la corteza cerebral (la parte del cerebro responsable de la planificación, el razonamiento abstracto y otras funciones cerebrales complejas). Los datos de Bruce Lahn demuestran que el gen ASPM ha estado sometido a selección natural durante los últimos 18 millones de años, y a una selección particularmente intensa en los últimos seis millones.

La explicación más simple es que el gen ASPM es un determinante esencial del tamaño del cerebro y que algunas de sus mutaciones son capaces de hacerlo crecer aún más. Mutaciones como esas podían conferir tal ventaja a los homínidos que las portaban, que se impusieron en sucesivas oleadas en la población de nuestros antepasados. Hoy, la inactivación del gen provoca microcefalia: un atavismo que devuelve el cerebro humano al tamaño típico de un australopiteco.

Los investigadores encontraron que aunado a este gen trabaja el de la microencefalina, cuya nueva variante apareció hace 37 mil años. Cerca del 70 por ciento de la gente en la mayoría de los pueblos europeos y del ese asiático tiene este alelo o variante del gen, pero es mucho más raro en la mayoría de los africanos que viven al sur del Sahara. La teoría es que el nuevo alelo de la microcefalina habría surgido en Eurasia o cuando los primeros humanos modernos emigraron de África.

Por otro lado, una nueva variante del ASPM apareció hace 5.800 años y se encuentra en el 30% de la población. Para Lahn el alelo del ASPM surgió en la misma época que la propagación de la agricultura en Oriente Medio —aproximadamente hace 10.000 años— y que la aparición de las civilizaciones de Oriente Medio hace unos 5.000 años.

De acuerdo con las investigaciones este espacio de tiempo es muy pequeño en términos evolutivos. El enorme porcentaje de población que posee estas variantes genéticas indica que éstas han sido sometidas a una gran presión de selección. Las fechas señalan que el fenómeno comenzó tras la aparición de los hombres modernos hace aproximadamente 200.000 años.

Lahn, al igual que Wilson, tiene claro que la coincidencia del estallido de los comportamientos artísticos y culturales con el comienzo del aumento de frecuencia de las variantes genéticas mencionadas tiene que ver con la adaptación del cerebro a los cambios del entorno.

Los estudios recientes han dado pasos grandes hacia identificar acontecimientos genéticos subyacentes a la evolución del cerebro humano y de sus capacidades cognoscitivas inesperadas. Esto ha conducido a la hipótesis de que la evolución adaptante de estos genes ha contribuido a la aparición de la cognición humana moderna. Esta hipótesis sigue siendo especulativa debido a la carencia actual de las metodologías para caracterizar la función evolutiva de estos genes en seres humanos.

La presencia de ambos alelos nuevos, adaptantes y neutrales en estos lugares genómicos proporciona una oportunidad única para usar la variación normal del rasgo dentro de seres humanos para probar la hipótesis que los barridos selectivos recientes son conducidos por una ventaja en capacidades cognoscitivas.

Reflexiones

Tomando en cuanta lo anterior comencemos a vincular los enfoques. Lo primero que necesita un individuo-especie, como el humano, es un territorio. Para ello, requiere hacer uso de su visión desarrollada al vigilar una zona restringida para desarrollar sus otros comportamientos y capacidades, por lo que la inteligencia y las emociones le ayuda a la percepción y reconocimiento del mismo. Entre más grande es el cerebro, se es más sociable y se requiere mayor territorio. Se ha puesto en duda si el sistema territorial de verdad establece un limite al número de individuos en un tramo dado del mismo.

Justo aquí se inserta la agresividad para la defensa territorial, que se hace más vigorosa cuando el territorio se va reduciendo. Al desarrollarse una sociedad dentro de un territorio se tiene ventajas que en lo individual serían difíciles, como la seguridad y respaldo de todo el grupo al descubrir algún enemigo o peligro. Un comportamiento agresivo puede permitir un acceso inmediato a determinados recursos, pero también, podría menoscabar la acción grupal conjunta, algo que a la larga podría ser más contraproducente para el individuo.

En el caso del animal humano el cambio genético para la expresión de la agresividad propició la tolerancia entre los individuos del mismo grupo, aumentando la cohesión social para ayudar a mantener un territorio, una pareja y otras metas necesarias para la reproducción.

Dentro del territorio y manteniéndolo gracias a la agresividad, se presenta la sexualidad para perdurar la especie. La sexualidad abarca una lucha o competencia sexual intraespecífica que en el caso humano no siempre se torna agresiva para la obtención de pareja, el apareamiento y el posterior cuidado de la descendencia.

Ya que se ha mantenido constante un territorio por agresividad y que se asegura la continuidad de la especie, los individuos, por su inquisitividad comienzan con sus niveles de inteligencia, resultado del volumen y complejidad cerebral, a conocer y a aprender de su medio de formas y maneras ajenas a los imperativos. Un ejemplo es por imitación, que requiere de identificar al congénere a imitar, entender la meta y tener conocimientos básicos de la actividad, la imitación necesita que la entrada de información visual sea convertida y expresada, al decir al cuerpo que reconstruya lo que los ojos ven.

Los hemisferios cerebrales en los primates son, fundamentalmente, asiento de la recepción de los olores. Este estado cambió cuando se comenzó ha habitar en los árboles de día. El olfato era menos útil y se subordinó al tacto, la visión y el oído. Esta nueva vida reclamaba mayor precisión y agilidad en los movimientos.

La expansión de la materia gris de los hemisferios cerebrales tuvo lugar en la región externa relacionada con el olfato. Dentro del neopalio se constituyen grandes áreas para la función visual, táctil, acústica, quinestésica (relacionada con la postura) y motora, como también zonas reservadas para coordinar la información recibida a través de las principales áreas sensoriales, combinándolas en la conciencia, de esta manera el horizonte mental se amplia.

El lenguaje humano, visto como un logro evolutivo perfecto y complejo, es uno de los procesos más conflictivos respecto a la temporalidad de su origen, pero sin duda uno de los resultados más sorprendentes de la encefalización de los primates antropoides.

Conclusiones

El potencial biológico surgió con la misma especie, o incluso de forma previa, ya que factores ambientales, quizá en combinación con los cambios genéticos detonaron la manifestación de las capacidades preexistentes. Estos cambios genéticos estuvieron presentes en el pool genético de manera fluctuante, manifestándose u ocultándose en función de las condiciones. Una vez fijos y extendidos, los cambios pudieron perfeccionarse por selección natural de individuos mejor dotados, para las nuevas versiones de comportamientos.

Bibliografía

– Buck, L.  y Axel, R. (1991) “A novel multigene family  may encode odorant  receptors: a molecular basis  for odor  recognition”. Cell. 65 (1): 175-187.

– Fisher, S. E.; Vargha-Khadem, F.; Watkins, K. E.; Monaco, A. P. y Pembrey, M. E. (1998) “Localization of a gene implicated in a severe speech and language disorder”. Nature Genetics, 18: 168-170.

– Gilad, Y.; Rosenberg, S.; Przeworski, M.; Lancet, D.; Skorecki, K. (2002) “Evidence for positive selection and population structure at the human MAO-A gene”. Proc. Nat. Acad. Sci. USA 862-867.

– Gilad, Y.; Orna, M; Lancet, D. y Pääbo, S.. (2003) “Human specific loss of olfactory receptors genes”. Proc. Nat. Acad. Sci. USA. 3324-3327.

– Lahn, B. T. y Page, D. (1997) “Functional coherence of the human Y chromosome” Science. 278: 675-650.

– Lahn, B.T. y  Page, D. (1999) “Four Evolutionary strata on the human X chromosome”. Science. 286: 964-967.

– Lai, C. S. L.; Fisher, S. E.; Hust, J. A.; Vargha-Khadem, F y Monaco, A. P. (2000) “The SPCHI region on human 7Q31: genomic characterization of the critical interval on localization of translocations as societed with speech and language disorder”. Am. J. Hum. Genet.; 67: 357-368.

– Wilson, A. C. (1985)  “Base molecular de la Evolución”. Investigación y Ciencia.  111 :136-147.


[1] Loci es el plural de locus, que es la posición que ocupa un gen o marcador genético en un cromosoma.

[2] Un codón es un grupo de tres bases nitrogenadas que codifican para un aminoácido.

[3] El barrido selectivo es el proceso mediante el cual se fija una mutación favorable tras la eliminación o reducción de la variabilidad genética de los nucleótidos cercanos a una mutación.

[4] Un intrón es una región del ADN que no codifica información.

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Por Nickthell Solsona Vargas

Esta es la ponecia completa que Nickthell presentará en el Ciclo de Conferencias de Antropología del Deporte, en el Club Berimbau el 07 de noviembre de 2009.

Introducción

Hablamos de que el hombre es un ser en movimiento: desde su formación, el transcurso de su vida y hasta el momento de su muerte. El ser humano se ha caracterizado por la imitación de su medio, de donde genera su propia autenticidad y diversificación. Es así, como a lo largo de su historia ha generado el conocimiento, la ciencia, las artes y las actividades recreativas y deportivas.

Todas estas son parte esencial del desarrollo y vida humana.  No podemos imaginar la existencia misma lejos de ellas, aun sin estar dentro de cualquiera de estas líneas, pues han evolucionado con nosotros. Esto las ha vuelto más complejas y específicas.

A lo largo del crecimiento, a través de nuestro cuerpo (su movilidad, visión, tacto, imitación y audición, principalmente) a partir de nuestra mente y los procesos que en ella inciden, vamos transformándolas en experiencias.  Y es así como nos apropiamos de los conocimientos empíricos, para hacerlos parte de nuestras vidas y de nuestro accionar, para darles una definición, para conceptualizar todo lo que nos rodea.

Por lo tanto, mientras más sean las actividades que realicemos, cuantas más variables le demos al contacto con el medio -a través de la movilidad- estamos potencializando, no sólo nuestras vivencias, también ampliamos nuestra conciencia y capacidad de percepción.

Esto nos lleva a considerar que son aquellos individuos, quienes trabajan ejercitan y utilizan más sus cuerpo quienes potencializan su percepción, con lo que adquieren una concepción más específica no sólo de su cuerpo sino también, de las vivencias de todo su entorno. Pero son las actividades físicas las que hacen de nuestro cuerpo un medio para obteneralgo”, pero  ¿Qué es lo que obtenemos de él?

Es así como encontramos ciertas actividades fuera del plano convencional y del trabajo remunerado. En las actividades de ocio, recreación y deporte los ideales por alcanzar son la salud, la recreación o diversión, la fama, la consagración dentro de la historia de la humanidad, algún tipo de triunfo, alegría, estabilidad emocional y/o económica, sólo por mencionar algunas.

Pero, en su transfondo nacen las preguntas: ¿En qué se convierte una persona que practica cierta actividad deportiva? ¿Son los deportes quienes llenan algún vacío social, mental o biológico[1]? ¿Qué busca el ser humano en el deporte y en el juego?

Mi objetivo es analizar el papel social de estas actividades en nuestro mundo moderno, es revalorizar su función biopsicosocial desde la perspectiva antropológica. Para ello es necesario re-definir la concepción de actividad física, juego y deporte.

El desarrollo del tema

Actualmente, vivimos inmersos en una cultura donde las imágenes nos bombardean para consolidar nuevas ideas entorno a nuestro medio. A la vez, éstas, de una manera sugerente y casi imperceptible, nos impregnan de ciertas políticas de seguridad[2], para una mejor convivencia y conveniencia social. Una de esas excelentes políticas es la salud, ella nos aleja de esos miedos sociales llamados: vejez, enfermedad y muerte.

Ahora ¿Cuál es la relación entre la salud, el deporte y la identidad? En la práctica una lleva a la otra, y es en nuestros tiempos, donde esta consideración toma revuelo y se consolida con las políticas nacionales y mundiales. Aunque su más pura raíz radica en la exploración de las cualidades físicas y el fortalecimiento de las cualidades volitivas.

¿Cuántas veces en nuestra vida hemos escuchado la famosa frase Mente sana en cuerpo sano? Esta premisa, posterior a la Grecia Clásica y sus grandes ideales que abrieron el paso para la filosofía socrática, donde el conocimiento es virtud y el cuerpo es la jaula del alma[3], y previa al oscuro medioevo, parte de que el cuerpo se cuida y valora sólo para que la mente y el alma se puedan desarrollar.

Hoy por hoy, esta premisa es el estandarte que se han colgado o por el cual se sostienen: asociaciones, federaciones, instituciones, compañías, y (como no mencionarlo) gobiernos. Por medio de la cual promueven sus más altos fines, cualesquiera que estos sean. Lo importante es entender que el deporte ha tomado el rasgo de valor de uso[4], dejando de lado que un cuerpo sano es relativo, no es absoluto ni real. Pues debemos recordar, que entre individuo e individuo hay variaciones, de hora a hora y de acuerdo a sus actividades.

Es prioritario aclarar que el deporte actual es, en primera instancia, números. Los deportistas actuales se han clasificado o rankeado, de manera conciente o inconciente, como récords, medidas, salarios, patrocinadores y competencias anuales. Los deportistas, hoy más que nunca, son cifras. Algunos requieren más de ellas que otros, pero finalmente sus nombres siempre se verán acompañadas por estos números, a favor o en contra. Son simplificados a fórmulas y ecuaciones, a niveles, jerarquías numéricas.

¿Creen que exageró?  Veamos.

Al inicio de mi vida deportiva, jamás consideré que todo giraba entorno a los números. Desde las porciones indicadas por la nutrióloga, las repeticiones por realizar en el gimnasio, los entrenamientos por semana, las horas que debes de dormir, los resultados de las pruebas físicas. El producto final será la eficiencia al realizarla. Mismo que, siempre, será directamente proporcional al cumplir con todas las anteriores, y más, de ser posible.

¿A dónde quiero llegar?

Muchos de los deportistas dejan su vida social y académica, por los extenuantes y excesivos entrenamientos, pretemporadas y competencias. Claro, lo hacen por elección propia, pero esto sucede cuando han decidido que el deporte será su profesión, así como lo hacen los estudiantes con su carrera universitaria. Los deportistas saben que su preparación, tiempo, esfuerzo y retribuciones vendrán con su carrera deportiva.

Pero, ¿qué sucede con los niños que realizan actividades extraescolares como la práctica de algún deporte? ¿Esto los convierte en deportistas? ¿Qué pasa con los trabajadores que participan en las ligas de futbol, voleibol o basquetbol en sus empresas? ¿Dónde clasificamos a las personas que salen a correr y comen de manera sana, por recomendación médica, para mantener estable su salud?

Estamos de acuerdo que estos realizan, quizás una actividad deportiva, pero es aquí donde entra y tiene razón de ser este trabajo. No quiero agruparlos ni darles un adjetivo, más bien deseo dirigir mi estudio y esfuerzo a metas concretas y no a ideales promovidos y vendidos, sin mediar las necesidades individuales y la variabilidad humana.

En términos coloquiales decir voy a hacer ejercicio, estoy jugando con mis amigos, voy a ir a mi partido este fin de semana o voy a practicar un X deporte, entran dentro de la misma concepción. Todas están relacionadas con mantener el bienestar físico, la salud y/o distraernos un poco, pero eso no quiere decir que sean lo mismo.

Para Le Boulch uno de los puntos más importantes, por los que decidimos realizar alguna clase de movimiento se debe a la motivación. De ahí parte, no sólo los estudios en relación a la actividad física y el deporte, sino también nuestro gusto y la elección de algún tipo de expresión de la movilidad. En su punto más básico, nuestras tres apremiantes (actividad física, juego y deporte), se integran por: el actor motor[5] y la recreación en el tiempo libre[6].

Los juegos, o actividades de recreación,  no fueron inventados, ellos forman parte de nuestra naturaleza, desde antes de saberlo. Simplemente, se han institucionalizado, consolidado, socializado y puesto al servicio de las sociedades para mejorar su desarrollo y controlar las emociones de las personas.

Nos parece pertinente denunciar, en primera instancia, que esto ha hecho que se pierda el equilibrio, que hayamos olvidado su razón inicial. Los juegos, al igual que los deportes, nos brindan un estado de tensión y alegría, que nos identifican con un grupo y hacen que los participantes y practicantes del mismo se interesen por el desenlace. Como nuestra ciencia no nos permite sólo denunciar, también propondré una reubicación, un reentendimiento de los tres conceptos ya mencionados.

Parafraseando un poco a Nietzsche:

donde quiera que los… hombres de las primeras edades, colocaban una palabra creían haber hecho un descubrimiento… habían dado con un problema, y creyendo haberlo resuelto habían creado un obstáculo para su solución…”

Dependemos mucho de las palabras, de sus significaciones en la vida. A cada palabra siempre la acompaña una imagen, pero muchas veces las imágenes son generadas desde puntos de vistas globales o integrales. Los significados también se socializan, se diversifican y eso cambia la manera de vivir y realizar cualquier actividad en nuestras vidas.

El deporte moderno representa un papel muy importante, que cada vez toma mayor solidez, sobre todo aquellos donde la promoción, seguidores y recaudación de dinero es significativa (como el futbol soccer). En el deporte va inserto el discurso del bienestar y de la salud. Pero me pregunto ¿hasta dónde será saludable correr una maratón a los 40 y tantos, y morir de un infarto? Son ya dos años consecutivos que en la maratón de la Ciudad de México ocurre esto. Eso me hace pensar que la práctica de un deporte no es tan saludable como no la pintan ¿no lo creen?

Las actividades físicas, el juego y el deporte se relacionan entre sí, de hecho la actividad física es aquella que conforma a las otras dos. Entendiendo por actividad física a la capacidad del cuerpo humano para reaccionar ante las exigencias de su entorno en la vida diaria. Obviamente, ya aplicada al juego o al deporte esta se especializa y tiene sus propias características.

Así mismo, encontramos que el juego es aquel que no tiene reglas estrictas, que la mayoría de las veces es espontáneo y en muy pocas ocasiones su desenlace es de importancia para quienes lo desarrollan; contrario al deporte,  donde el resultado será de gran importancia tanto para los practicantes como para los grupos que se involucren con ellos, como los aficionados o los habitantes de una cierta región. Por todas estas razones es importante distinguir entre el juego y el deporte.

La actividad física forma parte de nuestras vidas, es el medio para nuestro desarrollo. Sólo que al crear actividades recreativas, remuneradas o no, se generan más y más variaciones que se pueden salir de control si quienes las promueven y practican no mantienen un equilibrio entre lo que se busca al realizarlas y la meta ha alcanzar.

Consideraciones finales

Es importante considerar al inicio de algún tipo de actividad física y deporte, la meta, la finalidad a la cual quiero llegar con su realización. Muchas veces al inscribirnos a cierto deporte o actividad recreativa llegamos con una meta alcanzable a corto plazo, pero en ocasiones sucede que llegamos más allá de lo esperado y cuando esto ocurre olvidamos nuestros objetivos, la esencia de la práctica y bienestar, por la que quizás iniciamos.

También, es pertinente resaltar la diferencia entre el juego y el deporte. La naturaleza del juego es siempre la diversión, distracción y esto salta a la vista al notar que son los niños quienes gustan más de su experiencia que los jóvenes y adultos, a quienes nos ocupa más el resultado.

Me inquieta observar como las sociedades se fundan en el deporte social, en su ejercicio como estrategia para llegar a una buena salud y a un estado integral de la eficiencia corporal, cuando las actividades son directamente proporcionales a quien las realiza y su ritmo de vida.

Es un compromiso que me gustaría todos tomáramos, que aquellos dedicados a la promoción, divulgación, enseñanza y/o práctica del deporte consideren como rector de sus proyectos, la meta común, las características de su grupo, principalmente la edad, el sexo y las cualidades individuales.

Con ello, no sólo estaremos más cercanos a alcanzar nuestros objetivos, sino que también estaremos muy cercanos a que los individuos que participen en nuestros proyectos se lleven una experiencia gratificante, asegurando la consecución de su práctica.


[1] A partir de este momento para referirnos a estos tres puntos lo haremos la manera con el concepto biopsicosocial, entendido desde las palabras de Mauss, quien nos hable de ellos como un Hecho Social Total.

[2] Para Damasio cuando la emoción es miedo el estado especial puede ser ventajoso. Aunque, este, debe de ser justificado y no resultado de una evaluación incorrecta de alguna situación o algún síntoma de fobias.

[3] Concepción Aristotélica

[4] Lo que es considerado como objetos útiles, en relación a las materias útiles que nos interesan.

[5]no como un proceso aislado, sino el que se sitúa en el marco general de una conducta que se traducirá en: reacciones fisiológicas, comportamiento exterior (palabras y movimientos), respuestas mentales (intelectuales y emocionales) y productos de la conducta (obras utilitarias o estéticas)”.

[6]el restante al del trabajo ocupacional remunerado… Dentro…encontramos una clasificación de actividades…las recreativas resaltan al proporcionar -dentro de ciertos límites- la oportunidad para que la gente viva las experiencias emocionales que están excluidas de sus vidas, debido a las rutinas…pueden cambiar su forma a lúdicas, puramente sociales,  miméticas o recreativas de poca especialización y des-rutinizadora”

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Por Gabriela Espinosa Verde

El origen

En su artículo La aplicación de la osteología antropológica a la oftalmología, Josefina Bautista, Emma Limón y Alberto Brown, nos cuentan de los resultados que obtuvieron, en el trabajo interdisciplinario que realizaron por más de 15 años. La iniciativa fue del  Dr. Fernando Ortiz Monasterios, quién reunió un equipo de médicos (especialistas en oftalmología, genética, cirugía plástica reconstructiva, ortodoncia y otorrinolaringología) y antropólogos físicos, con la finalidad de obtener patrones de normalidad de las distintas estructuras craneofaciales (órbitas, nariz, maxilar, mandíbula). El estudio se realizó con la colección de cráneos de la Penitenciaría del Distrito Federal. Para su desarrollo se formaron distintos equipos, uno de ellos con oftalmólogos y antropólogos físicos, quienes se encargaron del estudio de las órbitas [cuencas de los ojos].

Los objetivos particulares de éste equipo fueron: desde la oftalmología[1], conocer, describir, determinar y aplicar variables normales de órbita en el servicio de Oftalmología del Hospital General “Manuel Gea González” de la Secretaria de Salud; y desde la antropología física, conocer el comportamiento morfométrico de las órbitas al comparar cráneos normales con cráneos alterados por enfermedad o por práctica cultural.

Primero, el equipo seleccionó 122 cráneos de la colección, todos pertenecientes a hombres provenientes de varios estados de la República, que murieron entre 1901 y 1914. Después, diseñó un modelo de análisis para cuantificar y registrar los datos obtenidos, que incluía: profundidad de las cuatro paredes que conforman la órbita, altura de una órbita con respecto de la otra, su inclinación, forma y tamaño de la base de la pirámide orbitaria, inclinación del agujero óptico, depresión o protusión de las órbitas, separación entre ellas y divergencia en su posición antero-posterior.

La cavidad orbitaría tiene forma piramidal. Imagen tomada de html.rincondelvago.com/exploracion-fisica_1.html

Trabajos con cráneos

Al aplicar el modelo de análisis a las cráneos de la penitenciaría, que era una muestra sin alteraciones causadas por enfermedad, en esta estructura ósea, obtuvieron las siguientes constantes: las órbitas son más anchas que altas y la derecha es ligeramente más grande que la izquierda; en la mayoría de los casos, la pared que conforma el techo de la cavidad es más profunda que el resto, seguida por la pared externa, el piso y la pared interna; la base de la pirámide es cuadrangular y la pirámide trapezoidal; es común encontrar el reborde superior de la órbita recto, y el techo orbitario rotado hacia el interior, extremo interior más bajo que el externo (inciclorotación).

Posteriormente, se localizaron cráneos con  craneoestenosis (fusión prematura de las suturas) y se determinaron las alteraciones orbitarías que presentaban. En este análisis se incluyeron cráneos escafocéfalos (cierre temprano de la sutura sagital), un cráneo oxicéfalo (cierre temprano de la sutura coronal y a menudo de la lamboidea) y casos de plagiocránea (cierre temprano de una mitad de la sutura coronal o lamboidea).  Al aplicarles el modelo de análisis encontraron que:

  • En los escafocéfalos, no se altera la relación entre la cavidad y glóbulo ocular, ya que la órbita se alarga en profundidad y se estrecha en la base.
  • En el oxicéfalo, las órbitas son poco profundas, los techos están inclinados  y rotados hacia el exterior (conclinados y exciclorotados, respectivamente); existe una distancia interorbitaria grande (distancia entre los ojos) y las paredes laterales de la órbita son divergentes. Esto permite saber que en vida, el sujeto, al que perteneció el cráneo debió presentar exoftalmos (ojos saltones) y estrabismo convergente.
  • Los cráneos con plagiocránea muestra plagioprosopia (asimetría notable de ambas mitades de la cara); distopia vertical entre ambas órbitas (una órbita más alta que la otra); una órbita más profunda que la otra; en el lado afectado el hueso frontal esta retruido (hundido) y el reborde supraorbitario disclinado (inclinado hacia el exterior); mientras que en el lado compensado el frontal esta protuido (saltado) y el reborde supraorbitario conclinado (inclinado hacia el interior). Estas alteraciones permitieron concluir que, en vida,  los sujetos presentaron estrabismo convergente o nasal del lado afectado.

Tipos de estrabismo. Imagen obtenida de la web de la Clínica de la Universidad de Navarra. http://www.cun.es/.../tu-perfil/infancia/estrabismo/

Aplicación de conocimientos obtenidos a pacientes con plagiocefalia

Luego, llegó la hora de aplicar lo que se había determinado en los estudios con cráneos a  seres vivos, entonces se valoraron 20 pacientes del servicio de Oftalmología, que presentaban plagiocefalia. El equipo encontró que las medidas más apropiadas para este grupo eran, la distancia entre la comisura oral (de la boca) y el canto interno o externo palpebral. También se hicieron medidas indirectas sobre fotografías de frente y laterales de la cara, tomadas detrás de una rejilla a escala para valorar la inclinación de la abertura del parpado.

Esto les permitió localizar las siguientes alteraciones en el lado afectado: distopia vertical (órbita más alta), inciclorotactión de la órbita (borde interno más bajo que el externo), disclinación del techo (menos profundo que el piso), apertura del parpado más grande en anchura y altura (ojo más grande); mientras que del lado compensado, encontraron: órbita más baja, exciclorotación de la órbita (borde interno más alto que el externo), conclinación del techo (más profundo que el piso) y apertura palpebral menor en anchura y altura (ojo más chico).

Tras esto concluyeron que el estrabismo convergente del lado afectado es consecuencia de la hiperfunción del músculo oblicuo inferior del lado afectado, por una actividad disminuida del músculo oblicuo superior, debido a la cortedad de la pared orbitaria superior.

Músculos oculares. Imagen tomada de http://www.visiondat.com/index.php?mod=articulos&art=70

Casos prehispánicos

Al considerar que la deformación craneal intencional, como la practicada en el México prehispánico, afecta la estructura orbitaría, el equipo analizó 200 cráneos deformados. Los datos se agruparon por la posición del plano compresor anterior (sobre el reborde supraorbitario o por encima de éste). Cuando el plano compresor esta sobre el reborde orbitario, las orbitas son más altas, el techo es menos profundo, el reborde óseo es más alto en su región interna que en la externa (exiclorotación), el techo esta rotado hacia el interior (inciclorotación), existe divergencia lateral y la distancia interorbitaria es más grande. El techo menos profundo, la divergencia de paredes laterales  y la gran distancia interorbitaria, provocan estrabismo divergente, concluyó el equipo de trabjo.

Cuando el plano compresor  anterior es colocado por arriba del reborde orbitario: las órbitas son más altas, el techo es menos profundo, la exiclorotación del reborde es más notable, hay menor inciclorotación del techo y hay una disminución de la distancia entre las orbitas. La cortedad e inclinación del piso y la distancia interorbitaria disminuida ocasionan estrabismo convergente.

Deformación cefálica. Museo de Antropología de Mérida, Yucatán

Así, los resultados los llevaron a concluir que la deformación cefálica intencional altera considerablemente las órbitas y esto varia en forma, tamaño, inclinación y disposición, y en todos los casos depende del grado de deformación y de la posición del plano compresor anterior. Con esto se estableció una tipología estrabológica en el área médica, basada en cambios estructurales orbitarios, y desechó la teoría de que el estrabismo únicamente se debía a la alteración de partes blandas o problemas neurológicos.

A nivel antropofísico se determinó que el estrabismo en poblaciones pasadas es consecuencia de la alteración orbitaria por la deformación intencional de la cabeza. Lo que permite desechar con bases métricas la cita de Landa, donde afirma, de los mayas, que el ser bizco era consecuencia de la borla que los sujetos se colocaban entre los ojos.

Los últimos proyectos reportados del equipo

El trabajo conjunto de estas dos disciplinas continuó con la valoración de pacientes, con algún tipo de patología ocular,  que asistían a las Campañas Quirúrgicas de Estrabismo en Guerrero. La finalidad fue establecer las relaciones entre alteraciones orbitarias y tipo de patología para poder determinar el proyecto quirúrgico más viable. Se valoraron y analizaron cerca de 5000 expedientes clínicos y se determinaron algunas técnicas quirúrgicas para pacientes con asimetrías faciales considerables.

Más tarde,  con la colaboración del Dr. Albert Brown (Oftalmologo especialista en estrabismo), enunciaron las ventajas y desventajas de algunas técnicas indirectas de valoración de los pacientes (radiología simple, tomografía computarizada y resonancia magnética). Por último, analizarón 20 cráneos deformados intencionalmente de manera asimétrica y encontraron que las alteraciones son las mismas que presentan los pacientes con plagicefalia. Con esto el equipo pudo afirmar que en la época prehispánica no sólo había estrabismo convergente o divergente de ambos ojos, sino que también hubo sujetos con estrabismo convergente de uno de los ojos. Para concluir el texto, los autores expresan:

Lo anterior es el trabajo que hemos llevado acabo especialistas de dos disciplinas que quizás algunos consideren distantes y lejanas. Nosotros de ninguna manera y en ningún momento las hemos concebido de esa forma. Por el contrario, estas investigaciones nos han permitido ver a la osteología antropológica de una forma muy dinámica y ejercerla de manera interdisciplinaria.”

Bibliografía

Bautista Martínez Josefina, Emma Limón de Brown y Alberto Brown Limón. La aplicación de la osteología antropológica a la oftalmología. En: Mansilla Lory Josefina y Xavier Lizarraga Cruchaga (coords.), Antropología Física: disciplina plural. INAH, México, 2003. 229-237.


[1] Rama de la patología, encargada de estudiar las enfermedades de los ojos.

4 comentarios »

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  1. Hola, un dia amaneci con la ceja y el ojo izquierdo mas arriba que el derecho. Esto es tratable? a que se debe?

  2. quiero saber como es el tratamiento para un estrabismo vertical

    • Estimada Marcia:

      No podemos dar respuesta a tu pregunta, que responde a conocimientos médicos y no antropofísicos. La más que puedo hacer es escribir a la Dra. Bautista y buscar la posibilidad de que alguno de los especialistas que trabajo en el proyecto de respuesta a tu inquietud. Pero requeriremos de tu paciencia.

      Gracias por tus comentarios

      Gaby EV

  3. […] Más de… […]


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